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Crítica Literaria: Votar en Conciencia. Los Católicos y la Política

Libro: Votar en conciencia. Los católicos y la política

Autor: Pbro. Francisco Javier Astaburuaga Ossa
Editorial:  Ediciones UC, 2013
Páginas: 140 Disponible en Librerías UC

Crítica
El libro, en primer lugar, nos lleva al problema del vacío de las democracias. Recuerda el padre Astaburuaga que «la realidad nacional nos pone a las puertas de grandes desafíos cuando hay que decidir acerca del destino de la nación en la elección de nuestros próximos gobernantes». Hay quienes quisieran, eso sí, exigirnos a los católicos que participemos sin más criterio que unas cuantas referencias a los mecanismos económicos, sociales y políticos, sin que estemos autorizados a hacer valer nuestras conclusiones —por cierto, de modo pluralista— a partir de nuestras convicciones morales más arraigadas.

Ya Octavio Paz advirtió la gravedad de ese planteamiento, cuando afirmó que «en las sociedades democráticas modernas los antiguos absolutos, religiosos o filosóficos, han desaparecido o se han retirado a la vida privada. El resultado ha sido el vacío, una ausencia de centro y de dirección» (Itinerarios).   Mario Vargas Llosa agregó: «La  cultura democrática […]  no puede ser realidad sin unos valores y paradigmas cívicos y morales profundamente anclados en el cuerpo social, algo que para la inmensa mayoría de los seres humanos, es  indistinguible  de  unas  convicciones religiosas» (La civilización del espectáculo).

Pero, para votar bien, nos dice el padre Astaburuaga: «corresponde hacerlo con una conciencia rectamente formada» y, para conseguir esa adecuada formación, Juan Pablo II, en la Veritatis Splendor, fue muy claro: «La Iglesia se pone siempre al servicio de la conciencia, ayudándola a no ser zarandeada aquí y allá por cualquier viento de doctrina según el engaño de los hombres (Ef, 4, 14)» (n.64).

Ciertamente, hay un tema en que el autor ha querido llamar particularmente la atención: El valor de la vida humana. «Asegurar el derecho a la vida, es decir, el sentido profundo de la existencia en un país que tiene acceso a los adelantos de la ciencia, y sabe que el aborto directamente provocado, en cualesquiera de sus formas, es una acción destinada a causar la muerte de un ser inocente en gestación», nos dice, es un «desafío de bien común». Por eso el autor dedica cuarenta documentadas páginas a develar los instrumentos de la cultura de la muerte. Quizás ha tenido presente las palabras del entonces cardenal Ratzinger, quien afirmó que «el infanticidio es hoy casi unánimemente rechazado, mientras nos hemos hecho casi indiferentes al aborto. Quizás la única razón es que en el caso del aborto, uno no ve la cara de aquel que va a ser condenado a no ver jamás la luz de día» (Christianity and the crisis of cultures).

Efectivamente, la vida es la piedra de toque, el punto más delicado donde las conciencias prueban su formación. Si se comienza a hacer matices y disquisiciones, ya se deja ver la falta de profundidad. Si así sucediera, sería el momento de volver a los fundamentos, de preguntarse qué sentido pueden tener una fe y una moral, un sistema democrático y una economía libre, si se castiga con la muerte a los inocentes e indefensos.

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