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La llamada Camina 60+

Participé en un grupo de estudios bíblicos y allí se me apareció el Espíritu Santo. Confesé que de Él no sabía nada. Se discutió qué imagen tenía: una paloma, un fuego o un rayo fulminante. Me quedé pensando que, para mí, era como “una llamada” que a veces me llegaba sin saber de dónde.

Recordé una conversación con mi hija Juana, quien me dijo: “No todo el mundo puede correr como tú los 10 kilómetros en más de 10 maratones, ¿por qué no organizas una caminata para conmemorar el Día del Adulto Mayor el 1 de octubre?”. Mi respuesta inmediata fue que con qué ropa podía yo hacer algo así para mucha gente.

Hay varios aspectos que tomar en cuenta para lograr que nuestra etapa final sea positiva: preocuparse de la salud, alimentarse bien y caminar, caminar mucho todos los días; buscar una forma de trabajo voluntario y evitar la soledad haciendo nuevos amigos.

Dejé pasar un año y en una entrevista conté que tenía un sueño: hacer caminar a las personas mayores de 60 años. Y comencé a recibir llamados ofreciendo
colaborar en esta buena idea. Partí con un grupo de la misma UC y se fueron agregando auspiciadores. En la primera Camina 60+ (2018) aspirábamos a tener
500 personas y pasamos los mil. En la segunda Camina 60+ llegamos casi a 2 mil, ambas en el Campus San Joaquín.

Cuando la gente me pregunta cómo lo logré, contesto que la llamada me llegó de arriba y la ayuda, de los que están a mi alrededor. En este mundo hay que estar con los brazos abiertos y recibir lo que nos van enviando, seguir el camino que se nos ofrece y no tener miedo. Así fue como empecé a preocuparme por la tercera edad y a comprender que yo ya estaba en la cuarta edad y tenía para rato. Me estaba convirtiendo en una persona que no jubilaría, sino que, seguiría aportando con su trabajo hasta el último día. Eso cambió la mirada de mi vida, especialmente cuando vi a todas esas personas felices caminando 3 o 5 km en compañía de sus amigos y parientes, comentando alegres sus propios logros, o ver sus caras de sorpresa cuando les entregábamos una medalla por su esfuerzo. Hasta a un perro chihuahua, que iba en brazos de su dueña, le dimos una medalla.

Empecé a participar en La Ruta del Envejecimiento, y llegamos a la conclusión de que hay varios aspectos que tomar en cuenta para lograr que nuestra etapa final
sea positiva: preocuparse de la salud, alimentarse bien y caminar, caminar mucho todos los días; buscar una forma de trabajo voluntario y evitar la soledad haciendo nuevos amigos, porque los de la infancia se nos irán acabando; tomar en cuenta cuál será el financiamiento con que contaremos en los años dorados y seguir aprendiendo en la llamada «educación continua»; pertenecer a una comunidad, ya sea religiosa, deportiva o de turismo, generando un cambio cultural en el país para que aproveche los conocimientos de sus adultos mayores que están deseosos de participar y ven la jubilación como una etapa en que solo hay que sentarse a morir. Nuestra partida es hoy y ahora en la llamada que nos llega de arriba y que nos mantendrá aportando a nuestros hijos, nietos y, sobre todo, al
país. En una palabra, a todos aquellos que no conocemos, pero que están dispuestos a responder ante una buena llamada que será como un rayo fulminante o una
paloma con las alas abiertas.

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