Octeto es un musical hecho completamente a capella —no hay música—, con ocho personajes en escena que conforman una sesión de terapia grupal, van exponiendo sus historias de adicción a la internet o “monstruo”, como lo denominan en esta obra.
Paula (Elvira López), es quien guía la sesión. De a uno van llegando, ansiosos porque durante lo que dura cada encuentro deben dejar sus celulares en una caja. Cada personaje tiene una manifestación distinta de adicción a las pantallas: una no puede dejar de guglearse a sí misma, otro no puede dejar de jugar en apps de dulces, otros dos viven su sexualidad a través de aplicaciones de citas, foros, etc.
El teatro es un reflejo de la realidad, pero no siempre nos vamos a sentir identificados con una obra de teatro. En Octeto es imposible no verse en alguna de las 8 historias que los personajes exponen, o en un poco de todas. La tecnología se instaló en nuestra vida cotidiana y ya no podemos despegarnos del celular, la tablet y/o el computador. Es muy difícil desconectarse totalmente. El musical habla de cosas tan típicas como comprar en línea, jugar sentado en el baño, hablar de virales y ponerse a verlos en una junta con amigos; la luz azul que no deja descansar nuestra mente.
¿Cuándo nos podemos concentrar en lo trascendente si todo gira en torno al celular?
Hace mucho le doy vueltas a que no quiero hacerme esclava de internet. En parte por eso fui a ver Octeto. Cuando me propongo tener un “tiempo sin pantallas” ¡se me ocurren ideas! Puedo pensar, recuerdo cosas que hacen falta en mi casa, en que le tengo que cambiar el inhalador a mi hijo que es asmático, en que tengo que comprar artículos de limpieza… Sí. Yo sé que hay aplicaciones donde puedo hacer una lista para el supermercado, que hay calendario con recordatorios y agenda digital, pero es que desbloqueo mi celular y me meto a WhatsApp —que no tiene notificaciones, igual que el resto de las apps en mi teléfono— y me pongo a conversar con mi grupo de amigos, le respondo a alguien del trabajo y le digo feliz cumpleaños a una tía; después me meto a Instagram o TikTok y luego de una hora de scrolling me pregunto: “¿Para qué me metí al teléfono?”. Me reconforto diciéndome: “Igual tengo la biblia y todos mis cantorales de Misa en la tablet, la app del evangelio del día en mi celular y mi libro de santa Hildegarda de Bingen en mi e-reader… que leí mientras esperaba a que empezara Octeto.
Confieso que estaba nerviosa cuando supe que era un musical a capella. ¡Que complejo! Hay que sostener toda una obra con puras voces. Si se desafina uno, se pierden todos y ese es el núcleo del musical, que las canciones se escuchen bien, que los actores no se desafinen y que la trama se entienda a través de las canciones. La compañía Darshan Teatro lo logró. Me impresionó ver a algunos integrantes con el diapasón en la mano, haciéndose cargo de ser ese sostén del grupo. Como dicen los lolos: nos dieron drama, nos dieron fugas corales y otras canciones más parecidas a las de un musical de Broadway, nos dieron coreografías —sencillas, pero bien hechas—, cada vez que un personaje terminaba de exponer su adicción terminaba jadeando y empapado en sudor. Lo dieron todo.
Queda solo un fin de semana de esta obra en la Corporación cultural las Condes. Tomen su celular y cómprense una entrada ahora mismo.
Ficha técnica
- Título original: Octet.
- Director general: Ramón Gutiérrez.
- Adaptación y traducción original al español chileno: Ramón Gutiérrez y María Pedrique.
- Dirección musical: Valeria Peña.
- Dirección de actores: Phelix Williamson.
- País y año de estreno: Estados Unidos, 2019.
- Género: Musical
- Duración: 1 hora 40 minutos.
- Elenco: Florencia Arenas, Jaime Barraza, Pablo Cavieres, Camila Cifuentes, Aníbal Gutiérrez, Elvira López Alfonso, María Pedrique, Nicolás Zambrano.




