Revista

¡Compártelo!

Atentos a la urgencia: el voluntariado frente a los desastres naturales

Ser voluntario se ha instituido como una manifestación emblemática de la solidaridad en Chile, que se acentúa en cada catástrofe que afecta nuestro territorio. ¿Qué hay detrás de la opción de los jóvenes por atender estas emergencias? ¿Qué hace del voluntariado un auténtico aporte para quienes reciben ayuda? Diversas voces especializadas dan claves para entender esta acción.  

  

Chile es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) más expuesto a desastres de origen natural, con el 54% de su población amenazada por tres o más tipos de catástrofes 1. Los incendios que azotaron la zona sur durante el verano son el recordatorio más reciente de esta realidad, propia de un territorio complejo que demanda un alto grado de compromiso, tanto público como privado, individual y comunitario. Es que, al daño sufrido por los habitantes de las zonas afectadas, muchas veces se suma una gran pérdida ecológica que requiere de un largo camino de restauración y resiliencia. Al respecto, los investigadores del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden) han sido enfáticos en la importancia de la contribución de actores no estatales para enfrentar este desafío: “Desde el instante en que se realiza el diagnóstico de los territorios y comunas afectadas por un desastre, las organizaciones civiles deben ser consideradas como actores fundamentales en la elaboración de estos mismos”2. Este tipo de emergencias interpela a una serie de actores provenientes de los cuerpos de rescate, la academia, el mundo empresarial y, sobre todo, organizaciones de la sociedad civil, cuyo rol de servicio convoca a muchas personas dispuestas a colaborar desinteresadamente con quienes sufren.  

«La tradicional explicación del desastre natural como una cuestión inevitable y meramente geológica es abordada hoy con una visión crítica en que la responsabilidad humana por el bien común adquiere protagonismo».

En este contexto de emergencias, el voluntariado se presenta como una acción de corresponsabilidad concordante con la solidaridad impulsada por la Iglesia frente a la cultura globalizada: “El principio de solidaridad es hoy más necesario que nunca (…) De una forma interconectada experimentamos qué significa vivir en la misma ‘aldea global’”3. Esto resuena más comúnmente en la población joven, cuyo alto interés por ayudar captó la atención de un equipo de académicos de la Escuela de Psicología UC, liderado por Paula Repetto. Ellos se propusieron estudiar las motivaciones detrás del voluntariado universitario en el contexto de los desastres naturales, con el fin de buscar caminos para enriquecer la experiencia y el impacto de su labor en las comunidades afectadas.  

Responsabilidad humana y resiliencia   

El papa Francisco advierte en su encíclica Laudato si’ que “el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos”4. La tradicional explicación del desastre natural como una cuestión inevitable y meramente geológica es abordada hoy con una visión crítica, en que la responsabilidad humana por el bien común adquiere protagonismo. Existe consenso en explicar el incremento de fenómenos climáticos como consecuencia de la huella humana; por tanto, el pronóstico es que “estos seguirán aumentando en cantidad e intensidad en las siguientes décadas, generando nuevos desastres, incluso en zonas donde antes no se las consideraba una amenaza”5 

En línea con esta visión, Constanza González Mathiesen, docente e investigadora del Centro de Innovación en Ciudades de la Universidad del Desarrollo, señala que “los desastres son producto de la combinación de eventos naturales con factores sociales relacionados a la exposición, vulnerabilidad y capacidad de preparación y respuesta de comunidades (…) Por lo tanto, no pueden entenderse directamente como naturales; por el contrario, son principalmente sociales”. Todo parece apuntar a que la capacidad de prevención, en buena medida, está en manos de las personas que componen las comunidades. Aquello se condice con recientes cifras de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), que señala que “el 99,7% de los incendios se inicia ya sea por descuidos y negligencias en la manipulación de fuentes de calor, por prácticas agrícolas o por intencionalidad”6 

Ahora bien, la acción humana es parte de las causas y de las consecuencias del desastre. La investigación de Repetto da a entender que un accidente natural solo se convierte en desastre si altera la rutina de un grupo social o le exige una adaptación. La palabra clave en estos casos, y que conlleva un profundo sentido de responsabilidad personal y comunitaria, es la resiliencia, que es el grado de efectividad para atender al desastre, en torno a la cual se ordenan todas las pesquisas investigativas y las acciones solidarias.  

Desde la Cigiden sostienen que “las capacidades de resiliencia dependen de las características económicas, políticas y culturales que poseen [las comunidades]. En ese sentido, una reconstrucción como una ‘oportunidad de mejora’ no existe como parámetro autoevidente”7. No basta la intención de ayudar, hay que planear cómo hacerlo, y al respecto existe contundente evidencia. Los actores de la sociedad civil que quieran tender la mano ante las catástrofes deben prestar atención a las necesidades específicas del panorama al que se enfrentan. González señala, en este sentido, que es fundamental la “labor de acompañamiento y educación de comunidades que podrían realizar voluntariados en temas como la identificación de su exposición, diseño de medidas de prevención y mitigación de sus riesgos, y generación de planes de contingencia en caso de emergencia”.  

El voluntariado como respuesta profunda   

La última Encuesta nacional de juventudes del Instituto para la Juventud (Injuv) del Ministerio de Desarrollo Social y Familia da cuenta de que más de un tercio de los jóvenes (37%) participó de algún voluntariado durante 2022, la cifra más alta en los últimos 7 años a nivel país8. Se trata de un fenómeno que también tiene amplia historia y penetración en la comunidad estudiantil de la UC. Solo en los distintos proyectos de la Pastoral, el verano de 2023, fueron más de 1.000 los estudiantes que realizaron un voluntariado solidario, cifra que sigue recuperándose postpandemia.  

En función del contexto específico de catástrofe, una alianza realizada en mayo entre el INJUV, la Fundación TECHO y la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) convocó a 100 estudiantes para la reconstrucción de 8 viviendas —en marzo ya habían colaborado con otras 25— en Santa Juana (región del Biobío), comuna afectada por los incendios estivales.  

Sin embargo, la realidad del voluntariado se complejiza al ampliar el foco. La última Encuesta nacional bicentenario UC arrojó que, dentro de lo que los chilenos consideran más importante, la participación en actividades solidarias ocupa el séptimo lugar, mientras que el listado lo encabezan tener una mascota, estar en contacto con la naturaleza y tener un estilo de vida saludable9. En este sentido, el voluntariado parece estar lejos de competir con otras prioridades que apuntan al bienestar individual.  

Al considerar únicamente el servicio específico que los jóvenes llevan a cabo ante desastres naturales, su importancia se relativiza aún más debido a que, según la Encuesta nacional de juventudes, solo una parte de los jóvenes que declararon haber realizado algún voluntariado participó de iniciativas relacionadas con esta clase de ayuda; el segundo y tercer lugar lo ocuparon aquellos que cuidan animales y que acompañan a personas en situación de calle, respectivamente10 

El equipo de Repetto parte de la premisa de que el voluntariado ante desastres difiere de la ayuda que suele darse ante problemas cotidianos de la sociedad (pobreza, enfermedades, abandono, acceso a la educación, etc.), pues se distingue, entre otras cosas, en el tipo de apoyo material que requieren los beneficiarios, la táctica de acompañamiento interior adecuada a la circunstancia —no se recomienda hablar de la situación trágica personal—, e incluso en el grado de autoabastecimiento del que deben valerse los voluntarios, que en el caso de desastre natural es casi total.  

Las entrevistas de los investigadores arrojaron los dos motivos que predominan entre universitarios para hacer este tipo de voluntariado. En primer lugar, se aprecia a la empatía como el principio que impulsa a asumir el compromiso de ser voluntario: “Me pasa que yo, probablemente, nunca tenga sus tipos de problemas, que se me vaya a caer la casa o algo así, pero siempre es importante ponerse en el lugar de esa persona”. En segundo lugar, las entrevistas destacan el rol de las experiencias previas en actividades de ayuda social, especialmente aquellas adquiridas en el periodo escolar. Los entrevistados entienden el voluntariado como una vocación de carácter universal, pero que debe asumirse libremente, mediante una vivencia personal.  

El horizonte   

Un punto de tensión al referirse al voluntariado juvenil es la calidad de la ayuda a las comunidades afectadas, pues, entre los participantes, la mayoría son personas sin especialización suficiente, con acotados recursos de diversas categorías y dificultad para adquirir compromisos de largo plazo. Los jóvenes entrevistados por el equipo de Repetto dan cuenta, en este sentido, de la importancia de participar de una institución que organice profesionalmente la ayuda, pues de otra forma podría no ser efectiva. A este respecto, pareciera que las organizaciones solidarias aún cuentan con la confianza de los jóvenes, puesto que el 54% declara haber participado en alguna de estas organizaciones en el último año, mientras que entre los adultos solo el 44% lo ha hecho.  

En efecto, con el tiempo crecen las instituciones que cuentan con personal especializado para la capacitación, dirección y optimización en servicios y recursos, que pueden ayudar a mejorar la experiencia de servicio de forma bilateral, tanto a las comunidades como a los propios voluntarios. Un ejemplo es el proyecto Movidos x Chile, que articula la colaboración entre 33 instituciones que trabajan en beneficio de comunidades en contexto de emergencia o desastre. Cada una de ellas se enfoca en distintas áreas: cuidado ecológico, educación, construcción y salud, entre otras. Además de agilizar la coordinación entre estas instituciones y los casos de catástrofe, la organización potencia el trabajo conjunto con otros actores del sector privado y los organismos del Estado para levantar insumos, pensar en políticas públicas y varias oportunidades estratégicas más. La labor de una organización como esta —también emulada por universidades y otros organismos de la sociedad civil— da cuenta de la multidimensionalidad de aspectos que influyen en la ayuda de una comunidad golpeada por una catástrofe.  

Otro riesgo en el horizonte del voluntariado es el que señala Constanza González, quien advierte de la posibilidad de que la ayuda humanitaria se inscriba en una visión paternalista que intervenga sin incorporar a la comunidad afectada. Ante esto, propone otro marco conceptual para orientar el servicio: “Enfrentarse a la gestión de desastres incorporando el concepto de responsabilidad compartida reconoce la importancia de incluir y empoderar a ciudadanos y actores locales en las acciones y decisiones luego de un desastre”.  

Para que el voluntario sea verdaderamente consecuente con su ideal de empatía es necesario establecer un tipo de colaboración que, velando por el desarrollo a largo plazo de la comunidad, busque que ella sea protagonista de su propio proceso de resiliencia. María Jesús Ochagavía, directora de Solidaridad y Misiones de la Pastoral UC, se refiere al esfuerzo realizado en esta línea: “Incorporar a la comunidad en los trabajos o talleres es una preocupación permanente; en concreto, en los proyectos de construcción, como Capilla País o Trabajo País, se pide ayuda a los vecinos para que construyan junto a ellos. En el caso de los proyectos misioneros, como Calcuta, Misión País, Misión de Vida o Rostros, es parte del programa que la comunidad se incorpore a los talleres, formaciones e instancias de oración”.  

Ante la amplitud de este horizonte, Paula Repetto concluye la investigación11 concibiendo el desastre como una oportunidad de solidaridad y caridad cristiana, en tanto que gatilla la vocación de hacerse responsable por quien sufre las consecuencias del evento. 

Notas

  1. Comisión de I+D+i, “Hacia un Chile resiliente frente a desastres. Una oportunidad. Estrategia Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación para un Chile resiliente frente a desastres de origen natural”, CENID, 2016. Disponible en: https://ctci. minciencia.gob.cl/wp-content/uploads/2017/07/Informe-Hacia-un-Chile-Resiliente-frente-a-Desastres.-Una-Oportunidad-2016. pdf.
  2. Gallegos, F. et al., Participación ciudadana y reconstrucción post-desastres en Chile”, Elciudadano.com, 2021. Disponible en: https://www.elciudadano.com/chile/participacion-ciudadana-y-reconstruccion-post-desastres-en-chile/04/21/ 
  3. Papa Francisco, “Audiencia general”, La Santa Sede, 2 de septiembre de 2020. Disponible en: https://www.vatican.va/content/ francesco/es/audiences/2020/documents/papa-francesco_20200902_udienza-generale.html 
  4. 141
  5. Comisión de I+D+i, “Hacia un Chile resiliente”, op. cit. 
  6. Corporación Nacional Forestal, “Incendios forestales en Chile”, CONAF, s/f. Disponible en: https://www.conaf.cl/incendios-forestales/incendios-forestales-en-chile/. 
  7. Gallegos, F. et al., “Participación ciudadana”, op. cit
  8. Instituto Nacional de la Juventud, “Informe general de resultados radiografía de las juventudes”, Injuv, 2022. Disponible en: https://www. injuv.gob.cl/encuestanacionaldejuventud
  9. Pontificia Universidad Católica de Chile, Encuesta nacional bicentenario, PUC, 2022
  10.  Injuv, “Informe general”, op. cit. 
  11. Basado en la investigación Una mirada a las donaciones y el voluntariado en eventos extremos: Conductas, creencias y visiones entre los jóvenes. Proyecto financiado por el XII Concurso de Investigación y Creación para Académicos, organizado por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana en conjunto con la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

1 comentario en “Atentos a la urgencia: el voluntariado frente a los desastres naturales”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Contáctanos

Déjanos tus datos y luego nos pondremos en contacto contigo para resolver tus dudas.

Publica aquí

Te invitamos a ser un generador de contenido de nuestra revista. Si tienes un tema en que dialoguen la fe y la razón-cultura, ¡déjanos tus datos y nos pondremos en contacto!

Suscríbete

Si quieres recibir un mail periódico con los contenidos y novedades de la Revista déjanos tus datos.