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Construcciones que transformaron nuestras vidas

Viviendas UC es un proyecto de la Pastoral que busca hacer frente al déficit habitacional de nuestro país. Este año, el proyecto desarrolló su segunda versión en la comuna de Paine, con el desafío de construir ocho casas para ocho familias. Si bien la construcción de viviendas era un desafío importante, el mayor reto al que nos enfrentamos fue construir hogares llenos de esperanza y con Cristo en el centro.

Cuesta pensar que han pasado más de dos semanas desde ese primer día de trabajo, cuando los voluntarios éramos desconocidos y las familias solo esperaban tener sus casas; pero me resulta aún más difícil pensar que cualquiera de nosotros es el mismo desde aquel primer día, antes de que nos hiciéramos parte de los sueños de las familias Gárate, Videla, Ramos, Ortiz, Martínez, Donoso, Contreras y Suárez.

El 3 de enero, los ocho terrenos de las familias solo tenían un radier de cemento. Con el paso de los días, estos espacios se fueron llenando de ruidos de construcción, música, risas y miradas llenas de esperanza que indicaban que esas casas estarían listas para recibir a sus nuevas familias. Fueron diez días en los que tuve la suerte de ver cómo cada familia iba construyendo su propia dinámica y, aunque ninguna era parecida a la otra, todas estaban construyendo algo mucho más grande que los muros de su hogar.

Para mí, no hubo nada mejor que mirar a cada zona desde fuera y ver cómo cada voluntario lo dio todo, ya fuera concentrado tratando de hacer funcionar una herramienta, corriendo con los niños o disfrutando de una sandía en la sombra de las mallas de kiwi que las mismas familias habían puesto para proteger a los voluntarios del sol. Cada vez que llegaba a una nueva casa en construcción pensaba que estábamos haciendo algo increíble. Es sobrecogedor que las familias depositaran toda su confianza en nosotros para hacernos parte de un hito: más allá de la construcción de sus casas, la formación de sus hogares. Hogares donde las hijas de los Ortiz podrán estudiar, donde los Ramos tendrán un espacio para ver a sus hijos crecer, donde los Contreras podrán cuidarse entre ellos, donde los Videla estarán más acompañados, donde los Martínez criarán a sus hijos, donde los Donoso tendrán nuevas oportunidades y donde los Suárez podrán continuar con su proyecto de vida.

Es sobrecogedor que las familias depositaran toda su confianza en nosotros para hacernos parte de un hito: más allá de la construcción de sus casas, la formación de sus hogares.

Escuché a los voluntarios de una zona decir que lo que había pasado durante esos diez días no podía ser una casualidad, sino que había millones de factores que se alinearon para que cada uno llegara donde su familia respectiva. Y no puedo estar más de acuerdo. Por algún motivo, Dios quiso que 162 voluntarios llegaran a Viviendas UC y fueran instrumentos de su amor. Definitivamente, no fue casualidad que cada uno se hiciera parte de una familia que sumó 20 integrantes.

Hoy no me queda más que agradecer la oportunidad de haber vivido estos diez días de la manera más intensa posible. Agradecer cada clavo, mirada, sonrisa y abrazo. Agradecer la oportunidad de ver con mis propios ojos cómo, desde el amor y el trabajo bien hecho, pueden surgir nuevas oportunidades y cumplirse los sueños más profundos.

 

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