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El Paradójico Misterio del Amor

«Desde lo más hondo del sufrimiento y de la cruz «actúa el misterio del amor», que «lleva de nuevo al hombre a participar de la vida, que está en Dios mismo»»

Cuando Juan Pablo II en el número 41 de la Encíclica Donum vivificantem se refiere a «un paradójico misterio del amor», evoca la verdad inaudita de que, al ser Dios rechazado por el hombre, el Espíritu Santo saca a la luz «una nueva dimensión del don hecho al hombre y a la creación desde el principio», mostrando cómo desde lo más hondo del sufrimiento y de la cruz «actúa el misterio del amor», que «lleva de nuevo al hombre a participar de la vida, que está en Dios mismo».

Sin duda, aquí se plasma una síntesis lúcida de la plenitud del sentido de la vida humana, anticipada por Dios  en  lo  que se refiere a los deseos más profundos del corazón del ser humano, tal como ellos emergen desde lo cotidiano. La misma se trasluce, además, a través de tantas palabras y gestos del itinerario ejemplar del mismo Juan Pablo II hacia la santidad. El Papa no dejó indiferente a nadie al perdonar a quien atentó contra su vida y continuar con su incansable labor evangelizadora, pese a ser también rechazado por muchos. La atracción que Juan Pablo II ejerció sobre los jóvenes, del todo impresionante hasta su muerte, tendrá aquí su razón última.

En efecto, Juan Pablo II es un gran conocedor del dramatismo que le provoca al hombre su existencia en el mundo a causa de su libertad, necesitada de ser liberada. El pontífice elabora sus profundas reflexiones antropológicas desde el misterio de Dios Trino y Uno en cuanto comunión de amor, en que uno existe en el otro como Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin confundirse, pero «desangrándose» por amor al hombre necesitado de amor. Se trata aquí de una visión antropológico teológica realista, basada en un hondo respeto por la dignidad humana, desde sus inicios hasta la muerte, y plasmada a través de facetas múltiples, tanto teóricas como prácticas, propias de la vida cotidiana. Esta verdad multifacética recibe una expresión potente a través del aporte de Juan Pablo II a la comprensión de la dignidad de la mujer y su relación con el varón a la luz de su visión totalmente positiva de la fecundidad de la familia hoy.

Resalta así la figura de Juan Pablo II en cuanto «vigía» para el mundo académico, tal como ella ha sido pensada y presentada desde  diversos  ángulos  del  saber  humano por un sugerente estudio de académicos  de  esta  universidad. Efectivamente, su  forma  de  pensar  logra  unir  armónicamente ratio  et  fides  para una racionalidad iluminada por el amor o, como dirían los sabios medievales, amor ipse intellectus est. Con esto, avala los grandes logros filosóficos  de  antaño  respecto  de  los  problemas acuciantes que desde siempre inquietan al ser  humano,  pero  patentiza  también  una asombrosa sintonía con las corrientes contemporáneas  más  recientes  del  saber  humano, embellecidas por su Verdad última, el Splendor Veritatis del Verbo Encarnado.

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