
En redes sociales, en los voluntariados universitarios y en la conversación pública, la espiritualidad parece haber vuelto a aparecer. ¿Se trata de una moda pasajera o de una búsqueda más profunda? Tres voces jóvenes analizan el fenómeno desde la experiencia, los datos y la fe.
¿Dios se volvió trending topic?
Ignacia Manterola Domínguez (IMD): Ese concepto es muy propio de nuestro tiempo. Es un diagnóstico cultural, pero basado en redes sociales —viene de Twitter, ahora X—. Con esta pregunta me cuestiono: ¿cuál es el trending topic (TT)? ¿Dios, la espiritualidad o el catolicismo? Creo que quien despertó esta premisa en su carta a El Mercurio, en realidad, habla del catolicismo. Entonces, si estamos hablando del Dios católico, sí es una tendencia que ya no se cancela en redes o en el debate público, pero hay que considerar que las redes sociales, a veces, son un medio de diagnóstico cultural engañoso.
Juan Pablo Pagliero (JPP): Antes, la expresión estaba limitada, pero hoy las redes sociales permiten la viralización y esa libertad de expresión donde todo lo que se diga está permitido. Es cierto que hay mucho choque en ese compartir de opiniones, creencias, sobre todo la fe y la espiritualidad, y puede encontrar sus límites. Estamos en esa tendencia que no se va. El otro día escuchaba una canción: «la creación constantemente grita a su creador», es decir, siempre vamos a apuntar, incluso con las nuevas actualizaciones, indirecta o directamente a ese Dios que también nos busca, así que aprovechemos este momento.
Juan Agüero Montecino (JAM): Estoy de acuerdo con la afirmación. Lo vivo de manera distinta porque Dios y el catolicismo fueron cercanos en mi niñez —mis papás tenían una vida de Iglesia muy activa, entonces los acompañaba a misa, me acuerdo del mes de María, etc.—. En la Enseñanza Media, estuve en un colegio donde muy poca gente era católica y, en la universidad, al contrario, me encontré con personas católicas que sí participan en la Iglesia. Dios nunca ha dejado de ser TT. Ya estoy en sexto año y desde siempre me ha impactado, pero ahora mucho más.
IMD: Juan, por tu edad (23), lo que cuentas calza con la crisis de abusos y la visita del papa Francisco a Chile. Fueron años bien duros y, de hecho, si vamos a las cifras, en realidad el catolicismo no ha demostrado ser TT todavía. O sea, los chilenos que dicen ser católicos son mucho menos que hace 20 o incluso 10 años. Estamos en 44% y, entre los jóvenes, es 1/3 de la población (Encuesta Bicentenario 2025). Claro, creemos que podría subir, pero no es el alza que sí se ve en Inglaterra o en Francia.

Con la crisis de abusos fue difícil hablar de un resurgimiento religioso en Chile, ¿qué cambió?
IMD: En mi primer año de universidad, 2018, creo que más por el clericalismo que por la espiritualidad del catolicismo, la Iglesia era TT, específicamente sus integrantes y no la tradición, la teología o Dios mismo. El argumento era algo así como: «no metan a Dios después de las cochinadas que hicieron», y daba vergüenza decir que eras católico, incluso en la UC. Recuerdo que pusieron una pelopincho vacía frente a la Iglesia de San Joaquín, que decía: «La Iglesia está tocando fondo». Era para invitar a ser voluntario de Misión País. Esa propaganda me daba pena, pero al estar en la mitad del campus, provocó a quienes pasaban por ahí a que se pararan a mirar. Ahora, en cambio, hay una visión más positiva porque se volvió a hablar sobre espiritualidad en lugar de las circunstancias de la Iglesia.

JAM: Yo mismo me alejé del catolicismo por las polémicas en la Iglesia chilena y del mundo, pero, con el paso de los años, admito que la espiritualidad es una tendencia sí o sí. Me sorprende mucho la convocatoria de los proyectos de la Pastoral que reciben a miles de voluntarios.
JPP: Todo lo que pasa —bueno o malo, porque nos hizo libres— Dios lo permite, aunque suene fuerte— Él se las ingenia, a su modo incomprensible, para que haya frutos, incluso a través de estos desastres que lastiman mucho a la Iglesia. Y, a pesar de este mal que no queremos, hoy estamos hablando de un Dios, de una fe, de una creencia que está volviendo. Entonces eso nos hace ruido para bien, ver cómo Dios es mucho más fuerte y más grande que el mal que nosotros podemos hacer.
Si las cifras no acompañan este supuesto «retorno», ¿cómo se explica el interés que se percibe en los jóvenes?
JAM: Cuando uno entra a la universidad se le amplía el mundo y eso cala muy hondo, por eso quiere aportar con su granito de arena. En la UC hay muchas instancias de voluntariado, muchas de ellas son impulsadas por la Pastoral, y ahí uno se encuentra con más estudiantes que tienen ese fervor, propio de la juventud, de querer conocer, descubrir e ir a un lugar que nunca haya visitado. En las que tienen un rol evangelizador, se encantan o reencantan con la espiritualidad y la Iglesia.
IMD: Los jóvenes tienen mucha fuerza; cuando se comprometen, se nota como por cinco. Desde una lógica católica, da lo mismo el número, lo que importa es que haya gente que realmente vibre y se entregue por esto. La idea de que los jóvenes están volviendo al catolicismo es esperanzadora, aunque la encuesta Bicentenario diga lo contrario. Eso lo mostramos en un webinar que hicimos en Voces Católicas y algunos comentaron que no era representativo de lo que veían en círculos de Iglesia, pero es que hay cinco jóvenes que se entregan y valen por mil.

JPP: Siendo fan de las redes sociales, me parece que hoy estamos en una cultura con mucho ruido, que contamina nuestro interior y nos impide escuchar la voz de la conciencia —donde Dios nos interpela—. Una persona puede llegar a tenerlo todo, pero si no logra hacer un espacio de interioridad, aparece un vacío difícil de sostener. Por eso se hace necesario un tiempo de contemplación, de agradecimiento y de reencuentro con la propia identidad. Sentirnos amados por Dios sana lo que nosotros no podemos y llena el vacío que ningún ruido exterior logra llenar.
Para mí, no vivir la fe o una espiritualidad no mejora o empeora el bienestar. Tiene que ver con la cultura en la que se está inserto o problemas multidimensionales que esa persona puede estar atravesando. Juan Agüero Montecino
Hoy también se habla mucho de salud mental. ¿Existe alguna relación con la búsqueda espiritual?
«Para mí, no vivir la fe o una espiritualidad no mejora o empeora el bienestar. Tiene que ver con la cultura en la que se está inserto o problemas multidimensionales que esa persona puede estar atravesando». — Juan Agüero Montecino
JAM: El tema de la salud mental me toca hondo porque lo veo mucho en mis compañeros. Creo que es más correcto hablar de «bienestar» y hay que tratarlo con harto cuidado porque, para mí, no vivir la fe o una espiritualidad no mejora o empeora el bienestar. Tiene que ver con la cultura en la que se está inserto o problemas multidimensionales que esa persona puede estar atravesando. En relación con la búsqueda de sentido, creo que la fe y la espiritualidad pueden ser un camino importante que ayude a encontrarlo, sobre todo cuando la gente se deja de lado a sí misma.
JPP: Respecto del bienestar, automáticamente recordé una primera materia que tuve, que uno siempre busca estar bien a nivel biopsicosocial: si los tres están bien, pese a no tener una espiritualidad marcada, una persona puede estar bien; pero cuando uno de esos niveles se altera, vivir una espiritualidad le da sentido a cualquier sufrimiento. No es que Dios diga: «vos no creés en mí, así que vas a sufrir depresión», al contrario, Él nos consuela.
IMD: Jean-Paul Sartre, pensador del existencialismo ateo, decía que, puesto que ya no existe Dios, démosle nosotros un sentido a nuestra vida porque, efectivamente, es difícil vivir sin sentido. Sin embargo, al ser una propuesta autorreferente, si me caigo yo, el sentido se cae conmigo. Muchas veces la angustia viene de ahí. Cuando, como creyente, tengo claro de dónde vengo —un plan mayor que lo sostiene todo—, sana mi capacidad de proyectarme con esperanza. Ahora bien, la depresión es cada vez más común también entre los católicos; amigas de mi parroquia se han suicidado. La espiritualidad es una puerta de esperanza, pero existe la debilidad humana y hay contextos muy difíciles. Ojalá ser católico fuera igual a ser sano, pero es un camino con muchas heridas que van sanando de a poco.
Le tengo muy poca fe a las redes sociales como método de conversión porque hay una gran distancia entre esta plataforma, que funciona con base en algoritmos de consumo, y el alma humana. Ignacia Manterola Domínguez
Si la fe vuelve a circular en redes y cultura pop, ¿todo vale para transmitirla?
«Le tengo muy poca fe a las redes sociales como método de conversión porque hay una gran distancia entre esta plataforma, que funciona con base en algoritmos de consumo, y el alma humana». — Ignacia Manterola Domínguez
JAM: La fe es un mensaje que se puede entregar de muchas formas, pero debería haber límites o lineamientos, por respeto. Al «cura DJ» (Padre Guilherme, sacerdote portugués que toca en fiestas de tech) yo lo encuentro increíble. Son nuevas formas que acercan a otro tipo de público, lejano a una iglesia tradicional, lo mismo con Rosalía. He escuchado hartos podcasts relacionados con el catolicismo que, para mí, son formas más atractivas para entender la historia o lo que te enseñaban en la catequesis. Aunque las encuestas no lo reflejen, yo sí creo que está pegando más. Cuando hablamos con el rector De la Llera, como Federación de Estudiantes, nos contó que para un 8M hubo una actividad en el Campus Oriente donde figuras católicas se distorsionaron mucho y eso le parecía una falta de respeto. Nosotros estamos de acuerdo con él, la fe no debería transmitirse así.
IMD: Creo que hay formas más efectivas, como un buen testimonio de vida, una experiencia de oración o servicio, la catequesis, los sacramentos, etc. Eso, para mí, es más fuerte. Le tengo muy poca fe a las redes sociales como método de conversión porque hay una gran distancia entre esta plataforma, que funciona con base en algoritmos de consumo, y el alma humana. En la medida en que una expresión artística o una persona pueda traslucir a Cristo, nos puede acercar más a Él.
Con nuestro ingenio podemos usar las actualizaciones del mundo para llevar ese mensaje eterno, sin ser herejes, cuidando la forma, sin que el objetivo sean los seguidores o que me «compren» ese mensaje. Juan Pablo Pagliero
JPP: Muchas veces lo que uno publica en redes sociales puede convertirse en marketing. En este caso, se podría vender la fe como un producto, pero las modas pasan y lo que permaneció siempre es la palabra: Dios nos ama y dio la vida por nosotros. Con nuestro ingenio podemos usar las actualizaciones del mundo para llevar ese mensaje eterno, sin ser herejes, cuidando la forma, sin que el objetivo sean los seguidores o que me «compren» ese mensaje. Me gustaría, a través de las redes sociales, generar un encuentro que cambie la vida, como lo que me pasó a mí: conozco la fe desde que nací, pero mi relación con Dios comenzó a los 16 años, después de ver un post que me empujó a ir a un retiro y ahí me encontré con Dios. Las redes pueden ser el punto de partida, pero el encuentro que cambia la vida ocurre fuera de la pantalla.



