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Frutos de eternidad

El catolicismo ha enfrentado una desafiliación generalizada, con especial énfasis en los jóvenes. Sin embargo, lejos de las hipótesis que vaticinaban una secularización general, hemos observado una diversificación de las propuestas de opción creyente a las que adhieren los chilenos. Mirar con ojo atento ya nos da indicios de cómo luce este escenario: hermanos evangélicos, ciudadanos católicos, un número cada día mayor de hombres y mujeres que no se reconocen como parte de alguna religión, y muchos otros, quienes no han llegado siquiera a oír sobre Jesús y su evangelio.

En este mundo de extrema aceleración, unida a una interconexión inmediata estamos expuestos a una mirada panorámica de la vida humana, de la cual surgen preguntas como: ¿Qué es fatigarse segundo a segundo en una vida cuya única seguridad es la de que nada durará? ¿Por qué siento sed de un norte firme que me guíe a mi destino? Así, ecos del deseo de eternidad, de la voz de Dios en el corazón humano, siguen llamándonos a buscar aquella inmensidad en cuyas aguas toda fatiga tiene su fruto.

Al hablar de primer anuncio, explicitamos el inicio de un proceso que se puede dar en la conversación cotidiana, en el compartir con los amigos.

Por eso, la misión que se nos ha encomendado por parte de Jesús es la de anunciar la Buena Noticia de cómo su vida, pasión, muerte y resurrección libera y redime a cada uno de nosotros. A ella, todos los bautizados estamos llamados a responder e ir a dar su primer anuncio.

Al hablar de primer anuncio, explicitamos el inicio de un proceso que se puede dar en la conversación cotidiana, en el compartir con los amigos. Para transmitirlo, la experiencia ha enseñado que, primero, es necesario mirar nuestra vida y, en oración, examinar aquel camino de fe en el cual Dios se ha acercado a nosotros y nos ha permitido encontrarnos con Él. No es posible hablar de aquello que no conocemos, aunque sea solo en parte. Por ende, el primer anuncio es primeramente la transmisión oral de la experiencia personal del encuentro con Cristo. Segundo, situarnos en el contexto y adquirir consciencia de hacia quiénes transmitimos el primer anuncio, buscar un lenguaje o puntos de partida comunes, pues de nada nos sirve hablar con tecnicismos que solo la persona formada comprende. Tercero, la escucha constante de la vivencia del otro, pues Jesús es respuesta universal de la búsqueda humana y también respuesta concreta a la búsqueda de cada persona. Escuchar al otro es indispensable para comprender y hacer inteligible el mensaje de Cristo. Cuarto, hablar de la fe en su profundidad y riqueza, pues esta no consiste en ideas desencarnadas con miras a la elicitación de una experiencia emocional ni tampoco en una praxis de ayuda social. Es invitar a conocer a una persona que nos ama y que guarda en Él un tesoro tan valioso por el cual no hay fatiga ni trabajo que nos valga para merecerlo. Vayamos pues, que vivimos tiempo de siembra y hemos de fatigarnos los jornaleros, que no hay mejor fatiga que la que da frutos de eternidad.

Foto de John Towner en Unsplash

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