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Fulton Sheen: El influencer de la fe en el siglo XX

Décadas antes de la revolución digital, este obispo estadounidense ya entendía cómo comunicar la alegría del Evangelio a través de los medios masivos. Su capacidad para conectar con las inquietudes de su tiempo, su espíritu visionario, su pasión misionera y su profunda vida espiritual siguen ofreciendo claves para evangelizar en el siglo XXI. 

Si hoy existiera en TikTok, probablemente tendría millones de seguidores. Si tuviera un pódcast, sería de los más escuchados no solo por los católicos sino también por aquellos que buscan enseñanzas para ser mejores personas. Pero Fulton J. Sheen nació en 1895, cuando la televisión ni siquiera existía y la radio apenas comenzaba a desarrollarse. Décadas antes de la irrupción de internet, comprendió que para anunciar el Evangelio hay que estar donde están las personas.  

Este obispo  será beatificado el 24 de septiembre en San Luis, Missouri, Estados Unidos y presidida por el enviado papal, el Cardenal Luis Antonio Tagle.  Escritor (publicó más de 60 libros), profesor universitario y uno de los comunicadores más influyentes del siglo XX, convirtió los medios en una plataforma de evangelización. Su célebre programa televisivo Life is Worth Living alcanzó audiencias masivas y lo transformó en una figura conocida mucho más allá de los círculos eclesiales. Así logró conectar con millones de personas abordando temas complejos de fe, ética y sentido de la vida en un lenguaje accesible y atractivo.  

Foto cortesía de las Obras Misionales Pontificias

Fotos cortesía de las Obras Misionales Pontificias. 

Su éxito no se explica únicamente por su talento. Quienes lo conocieron destacan su extraordinaria capacidad para traducir ideas profundas a ejemplos cotidianos, su dominio de la palabra y un sentido del humor que utilizaba como recurso pedagógico. Sabía que las personas podían cansarse de los discursos demasiado densos, por lo que alternaba reflexiones exigentes con observaciones ingeniosas que mantenían la atención.  

Detrás del comunicador brillante existía una convicción: él insistía en que la verdadera fuente de su fecundidad pastoral no estaba en los estudios de televisión ni en la fama. El secreto, repetía, se encontraba en una práctica que mantuvo fielmente durante décadas: una hora diaria de adoración ante el Santísimo Sacramento. 

Insistía en que un sacerdote solía tener un gran ardor apostólico en los primeros años de su ministerio, pero este podría irse apagando con el paso del tiempo “La luna de miel llega pronto a su fin”. Por eso decía: “El propósito de la Hora Santa es animar al encuentro personal y profundo con Cristo. Dios siempre nos está invitando a acudir a Él, a conversar con Él, a pedirle cosas y a vivir todo lo bueno que nos trae entrar en comunión con Él”, asegura en su autobiografía Tesoro en vasijas de barro.  

Otro aspecto de su trayectoria fue su compromiso con la misión universal de la Iglesia. Como director de las Obras Misionales Pontificias recorrió distintos países, conoció de cerca situaciones de pobreza extrema y destinó importantes recursos a la construcción de escuelas, hospitales y centros de atención en África, Asia y Oceanía. Aquellas experiencias lo llevaron a formular una observación que conserva vigencia: existen pueblos que padecen hambre de pan y otros que sufren hambre de sentido.  

Sus preocupaciones no se limitaban a cuestiones eclesiales. También reflexionó sobre temas como el amor, el matrimonio, la ansiedad, el perdón y la dignidad de la persona. Muchas de sus observaciones parecen escritas para el siglo XXI. En una cultura marcada por la aceleración, la incertidumbre y las tensiones interiores, Sheen diagnosticó con lucidez el malestar espiritual que experimentan muchas personas y propuso una respuesta centrada en el encuentro con Dios y en la recuperación de la paz interior. Una cantidad cada vez mayor de personas se ve aquejada de neurosis, complejos, temores, irritabilidades y úlceras. Y quizás no estén tan ‘agotadas’ como ‘puestas en tensión, no tan encendidas por las chispas de la vida cotidiana como ardiendo por combustión interna’», escribió en el libro «Paz en el alma».  

A pesar de la popularidad alcanzada, quienes estudiaron su vida coinciden en que luchó siempre por conservar la humildad. En sus escritos reconoció las tentaciones que acompañan al prestigio y recordó que el valor de una persona no depende de los títulos ni de los reconocimientos, sino de su capacidad de transparentar a Cristo en la vida cotidiana.  

También tuvo un papel relevante durante el Concilio Vaticano II, donde defendió la necesidad de conjugar fidelidad a la tradición y apertura a los desafíos de cada época. Evitó los extremos y buscó mostrar que la evangelización, la justicia, la libertad y la dignidad humana no son realidades opuestas, sino dimensiones complementarias de una misma misión.  

Más de cincuenta años después de sus mayores éxitos mediáticos, Fulton Sheen sigue despertando interés en nuevas generaciones. Su vida plantea una pregunta especialmente pertinente para nuestro tiempo: ¿cómo utilizar las herramientas tecnológicas sin perder de vista aquello que realmente da sentido a la existencia?  

En la próxima edición impresa de Revista Diálogos presentaremos un completo reportaje sobre Fulton Sheen con entrevistas, testimonios, anécdotas y frases de su autoría. Su historia demuestra que, mucho antes de los algoritmos y las redes sociales, ya existían auténticos influencers de la fe. 

  • La transmisión oficial de la Fulton Sheen Foundation en YouTube (desde las 12 horas de Chile).
    • El señal de TV y el canal de YouTube de EWTN en español.

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