Revista

¡Compártelo!

Dar voz a quienes no la tienen: adolescentes y mujeres invisibles

En Chile, la falta de investigación a ciertos grupos sociales no pasa solo por la falta de interés de los profesionales, sino también por la escasez de recursos enfocados a este campo. Se “prioriza” su uso para estudiar aquellos problemas sociales que afectan a un gran número de personas, esperando que los resultados impacten a muchos de los involucrados. Esto es lógico, pero hace que las minorías sean nuevamente invisibilizadas. Un claro ejemplo es el de las mujeres privadas de libertad: por cada 10 hombres en prisión, hay una sola mujer. Este artículo recoge parte del trabajo para mostrar la realidad de esta población marginada de la sociedad.

A diferencia de otras disciplinas de las ciencias sociales, Trabajo Social, además de orientar su labor a tener una comprensión de los fenómenos sociales, busca transformar la realidad, que muchas veces vulnera la dignidad de las personas, transgrediendo sus derechos. Esto ocurre con frecuencia cuando se olvida que todo ser humano tiene sus propios sueños y anhelos, indistintamente de su condición económica o social. Por tanto, el gran desafío que nos plantea la profesión es visualizar las necesidades del otro y coconstruir formas de trabajo que pongan como actores principales a las personas, sus motivaciones, necesidades y esperanzas, sin tener que vulnerar sus derechos ni los de otros.Lo anterior implica que los trabajadores sociales tienen la tarea de comprender la desconocida realidad del otro, pues pocas veces la población vulnerable y minoritaria es sujeto de interés para las ciencias. Por eso, la información sobre estos grupos es limitada, su participación en la sociedad es casi nula y, finalmente, su voz no aparece representada en las políticas de los estados, restringiendo aún más su expresión. Esta situación se vuelve evidente en aquellos grupos sociales formados por personas con conducta delictiva. ¿Cuáles son sus necesidades y motivaciones? ¿Qué los lleva a involucrarse en la vulneración de los derechos de otros?, o bien, ¿cómo ellos mismos son vulnerados? Todas las respuestas deben contar con rigurosidad científica para evitar la victimización secundaria que se da al constituir generalizaciones a partir de una casuística sesgada, que termina discriminándolos nuevamente

La relevancia de la educación

A partir de estas preguntas, nació la inquietud de estudiar la situación de adolescentes privados de libertad entre 2010 y 20121. El objetivo fue conocer el contexto psicosocial que los llevó a involucrarse en delitos. Si bien la literatura internacional indica un sinnúmero de problemas sociales que se encuentran en la base de la conducta delictiva juvenil, no hay evidencia de que aquello se replique en Chile. La muestra la conformaron 112 hombres y 23 mujeres privadas de libertad en centros de reclusión de administración directa del Servicio Nacional de Menores. Fueron seleccionados los centros de las regiones con mayor volumen de población recluida: Metropolitana, Libertador Bernardo O`Higgins y Tarapacá.

«Pocas veces la población vulnerable y minoritaria es sujeto de interés para las ciencias. Por eso, la información sobre estos grupos es limitada, su participación en la sociedad es casi nula y, finalmente, su voz no aparece representada en las políticas de los Estados».

Este estudio indagó sobre aquellos problemas sociales que tristemente fueron muy coincidentes con los hallazgos internacionales, entre ellos, la ausencia de ambos padres. Los jóvenes, sin distinción de sexo, provienen principalmente de hogares monoparentales. Mientras que la orfandad tendía a ser mayor en las niñas que en los niños.

Asimismo, se observa que 3 de cada 10 jóvenes a lo largo de su infancia y adolescencia estuvieron al cuidado de otro adulto responsable —abuelos/as, tíos/ as, hermanos/as mayores u otros—, con educación media incompleta en su gran mayoría. Una fracción de este grupo de “adultos responsables” había presentado —o continuaba presentando— consumo de drogas y/o alcohol, y otra parte había estado en la cárcel. Desafortunadamente, estas cifras se elevaban de manera significativa en las conductas de los padres: 3 de cada 10 madres, y 1 de cada 2 padres presentaba consumo problemático de alcohol y/o drogas.

La mayoría, indistintamente del sexo, tenía más de cuatro años de retraso escolar o había desertado de los estudios, y solo el 8% señalaba trabajar. Al disgregar la información por sexo, la deserción escolar en las mujeres tendía a ser porcentualmente superior que en los hombres. La razón principal para abandonar los estudios era la repetición de curso. 

El fracaso escolar

Los resultados muestran una alta incongruencia con el sistema educativo chileno y con los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño, puesto que la escuela debe ser un lugar que ofrezca condiciones para el desarrollo integral del niño o niña y, por lo tanto, promover su integración, especialmente cuando son grupos de personas con mayores dificultades académicas. Es evidente que los adolescentes no cuentan con apoyo académico al interior del hogar, pues sus padres carecen de la experiencia suficiente para acompañarlos en los procesos de aprendizaje o de los recursos financieros para costear un profesor particular, como lo harían otros sectores sociales (ver tabla 1).

Es así que los jóvenes ven limitados sus logros, y menguada su autoestima. La escuela termina representando un fracaso y, finalmente, son expulsados. Si no van al colegio, ¿dónde están? 6 de cada 10 salen a la calle sin supervisión adulta. Es decir, la escuela deja de ser un agente protector para estas niñas y niños vulnerables (ver tabla II).

Por otro lado, la violencia intrafamiliar —física, verbal y/o psicológica— está presente en el 73,3% de los hogares y siendo las niñas y niños víctimas directas o testigos de malos tratos, esto se transforma en un factor determinante en su capacidad de concentración, impactando su rendimiento académico 2. La mayor preocupación que plantea esta realidad, radica en que la sociedad espera que niñas y niños logren el éxito académico de igual forma, con resiliencia ante condiciones de vida adversas, pero ¿qué hacemos como sociedad para revertir esta cadena de condiciones desfavorables?

El entorno

Es recurrente escuchar el mito “la pobreza es la razón de la delincuencia”, pero se ha demostrado que la pobreza es solo un factor estresor en las familias, y en ningún caso es explicativo3. En el estudio, se observó que, aunque los progenitores o adultos responsables de la crianza de las adolescentes desempeñaban un oficio de carácter terciario con ingresos económicos bajos, tanto las familias como las y los jóvenes entrevistados señalaban que podían cubrir las necesidades del grupo familiar. La principal motivación para delinquir era acceder a ropa muy costosa o “de marca”, pues a través de este medio lograban la aprobación de sus “amigos”. Y en esta conducta podemos visualizar lo importante que resultan ser los grupos de pares para las y los adolescentes45. Elemento que usualmente es olvidado en la intervención y que esta investigación permitió visualizar.Para las adolescentes, su par era la pareja o el pololo, quien se caracterizaba por presentar conductas delictivas y consumo de alcohol y/o drogas. Ninguno de ellos trabajaba o estudiaba y 7 de cada 10 se encontraban recluidos en un centro penitenciario. Situación muy contraria en los adolescentes varones, quienes expresaban que sus parejas eran “señoritas” y que no pertenecían al mundo delictual, no así sus amigos, pues 7 de cada 10 hombres refieren tener un grupo de pares que delinquen. Esto último también se observó en las mujeres.
La literatura internacional678señala que existe una alta incidencia en el comportamiento delictivo de niñas asociado a experiencias de abuso sexual. Vivenciados como eventos traumáticos difícilmente compartidos por las víctimas, en especial con la persona que las entrevista. Estos suelen ser secretos de vida que no emanan así como así9 , por lo que este estudio no permitió evidenciar el abuso sexual con claridad. Lo lamentable es que las personas que trabajan con las adolescentes tampoco pueden observarlo y, finalmente, ese trauma no se trabaja de manera terapéutica. Por eso es necesario seguir estudiando estos problemas sociales.

Es posible prevenir el dolor

Si se pone atención en las cifras, se puede evidenciar el dolor humano que estas reflejan. Dolor que puede ser prevenido si como sociedad nos hacemos cargo de lo que ocurre con nuestras niñas y niños, pero con antelación y no cuando este dolor ya se expresó tanto en ellos como en sus víctimas de delito. La contribución final de este estudio es que muchos de los elementos observados fueron considerados por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos para generar directrices que mejoren la intervención directa en adolescentes.

«La violencia a través de la discriminación y rechazo social puede ser prevenida, si comprendemos que la violencia nos interpela en forma directa o indirecta».

Un ejemplo de lo anterior es la mesa de expertos que la cartera conformó y que dio origen al “Programa de fortalecimiento al modelo de intervención especializado en jóvenes infractores de ley para el nuevo Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil”. En paralelo, algunos de estos temas se trabajan en la mesa de expertos del “Programa Lazos”, liderada por la Subsecretaría de Prevención del Delito, en donde se analizan y proponen mejoras al proceso de investigación e instrumentos de medición de riesgo y necesidades de intervención de la población infantojuvenil.
En ese marco, un estudio como el que aquí presentamos se convierte en un aporte para la sociedad al lograr hacernos partícipes de los procesos que en ella ocurren. Sin embargo, el camino aún es largo: ¿Cómo las madres y padres de estas niñas y niños visualizan sus necesidades y las satisfacen? ¿Cómo el delito es legitimado como forma de vida y hacen parte a sus hijos de aquello? Estas interrogantes llevaron a otro estudio10 en mujeres y hombres adultos privados de libertad, que buscó conocer los significados de la maternidad y paternidad.
No obstante, aunque esta investigación se encuentra aún en desarrollo, los resultados preliminares muestran que las mujeres suelen estar a cargo del grupo familiar, y aquellas que vivían en pareja, una vez ingresadas a prisión, tienden a ser abandonadas.

La promoción de los derechos humanos

Vivir en una sociedad libre de violencia es una necesidad colectiva y nos atañe a todos. En los resultados de estas investigaciones, es posible apreciar que la violencia a través de la discriminación y rechazo social puede ser prevenida, si comprendemos que la violencia nos interpela en forma directa o indirecta. Esta mirada también es compartida por Benedicto XVI11, quien sostiene que un componente sustantivo de la acción evangelizadora es la “promoción humana”, especialmente de los sufrientes.
Quien dice promoción humana, dice desarrollo humano integral, indistintamente de su condición social. El sufrimiento no es ajeno a la persona privada de libertad; tal sufrimiento debe ser transformado en un elemento que favorezca su desarrollo integral. Más aún, el Papa Francisco 12 indica que “la  alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados, como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales”13. Este mandato nos exhorta a visualizar a aquellos individuos que la sociedad procura ignorar.
Realizar una investigación en la que estas personas sean protagonistas no solo las saca del anonimato y de su situación de exclusión, también ayuda a comprender sus necesidades y moviliza a los investigadores a hacerse presentes en las periferias existenciales y transmitir al resto de la sociedad lo que ahí ocurre.
Lo anterior permite involucrar a los cristianos en el proceso de inserción social de aquellos sectores más marginados, como dice Francisco: “La misericordia es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre, no obstante el límite de nuestros pecados”14.

 

Notas

  1. Vicerrectoría de Investigación, “Factores endógenos y exógenos en la manifestación del delito en los jóvenes chilenos: Un enfoque exploratorio”, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010.
  2. Crozier, J. C. y Barth, R. P., “Cognitive and Academic Functioning in Maltreated Children”, Children & Schools 27 (4), 2005, pp. 197-206.
  3. Hawkins, D. et al., “Predictors of Youth Violence”, Office of Juvenile Justice and Delinquency Protection, U.S. Department of Justice, 2000.
  4. Smith, D. y McVIE, S., “Theory and Method in the Edinburgh Study of Youth Transitions and Crime”, British Journal of Criminology 43 (1), 2003, pp.169-195.
  5. Monahan, K. C., Steinberg, L. y Cauffman, E., “Affiliation with antisocial peers, susceptibility to peer influence, and antisocial behavior during the transition to adulthood”, Developmental Psychology 45 (6), 2009, pp. 1520-1530.
  6. Chesney-Lind, M. y Shelden, R. G., 4º Edition. Reino Unido: Wiley Blackwell, Girls, Delinquency and Juvenile Justice, 2014, pp. 171- 173.
  7. Brewer-Smyth, K., “Women Behind Bars: Could Neurobiological Correlates of Past Physical and Sexual Abuse Contribute to Criminal Behavior?”, Health Care for Women International 25 (9), 2004, pp. 835-852.
  8. Siegel, J. A. y Williams, L. M., “The Relationship between Child Sexual Abuse and Female Delinquency and Crime: A Prospective Study”, Journal of Research in Crime and Delinquency 40 (1), 2003, pp. 71-94.
  9. Barudy, J., El dolor invisible de la infancia: Una lectura ecosistémica del maltrato infantil, Buenos Aires: Paidós, 1999.
  10. Proyecto financiado por el XV Concurso de Investigación y Creación para Académicos, organizado por la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana en conjunto con la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  11. Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 2009.
  12. Francisco I, “Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del santo padre Francisco a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual”, Tipografía Vaticana, 2013. 
  13. Benedicto XVI, “Discurso a los participantes en un congreso con ocasión del 40° Aniversario del Decreto Ad Gentes”, AAS 98, 11 de marzo de 2006, 337, pág. 28.
  14. “Bula de Convocación Misericordiae Vultus del jubileo extraordinario de la misericordia Francisco obispo de Roma siervo de los siervos de Dios”, 2015, pág. 1 y 7.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Contáctanos

Déjanos tus datos y luego nos pondremos en contacto contigo para resolver tus dudas.

Publica aquí

Te invitamos a ser un generador de contenido de nuestra revista. Si tienes un tema en que dialoguen la fe y la razón-cultura, ¡déjanos tus datos y nos pondremos en contacto!

Suscríbete

Si quieres recibir un mail periódico con los contenidos y novedades de la Revista déjanos tus datos.