Varias publicaciones internacionales destacan un aumento en el número de jóvenes católicos1, tendencia que aún no se replica en Chile2. Este fenómeno puede ser explicado de distintas formas; entre ellas, que es una respuesta a la crisis de sentido3.
Mi historia es ligeramente distinta y quizás proporciona otra fuente de explicación: una que nace de la búsqueda de propósito. Aunque creía en Dios, nunca fue central para mí y, sin haber recibido ningún sacramento, entré a estudiar Medicina en la UC. Apareció cierta inquietud y, conforme pasaron los años, se fue volviendo más nítida.
A pesar del éxito académico y de lo apasionante que es la medicina, sentía que me faltaba Él. En 2025, decidí inscribirme en Sacramentos UC. Quería conocer bien la Iglesia católica y determinar, con fundamentos, si quería formar parte de ella. Lo que no esperaba era que el proceso fuera mucho más allá de los libros o las charlas. Fue ahí cuando empecé a sentir a Dios presente en mi vida.
Como la carrera de Medicina es demandante, con horarios poco flexibles y asistencia obligatoria, ante la primera dificultad que tuviese para ir a las catequesis yo estaba decidida a rendirme. Me decía que la universidad era la prioridad; pero Dios no me dejó sola. Semana a semana, de manera casi inexplicable, me ofreció el tiempo y la facilidad para llegar. En ningún momento tuve que faltar por una rotación clínica o evaluación, algo muy poco frecuente en mi rutina.
Sumado a eso, la catequesis se volvió el momento favorito de mi semana; cada vez que salía, sentía que mi felicidad se multiplicaba. Empecé a ver a Dios en las cosas pequeñas: en el alivio de un paciente, en el apoyo de un compañero o en un momento de descanso. Cada evento positivo lo recibía como un regalo de su parte. Así, la paz se instaló en mi vida al saber que no camino sola. Por supuesto, decidí recibir los sacramentos. Experimenté que el amor de Dios no es una idea abstracta, sino una fuerza que impulsa y alegra la vida. Sigo siendo ignorante en muchos aspectos teológicos, pero puedo hablar del amor de Dios desde la certeza de la experiencia.
La ceremonia de Bautizo, Primera Comunión y Confirmación fue un momento precioso, precedido por una preparación llena de cariño, retiros y comunidad. Al contrastar mi vivencia con las hipótesis sobre el aumento de jóvenes católicos, encuentro mi propia respuesta: me acerqué buscando razones que calmaran mi inquietud y sensación de vacío, y me quedé por su amor y por toda la luz que ha traído a mi vida.




