Detrás de cada pieza del Museo Leandro Penchulef del Campus Villarrica UC residen historias y el kimün (conocimiento mapuche) traspasados entre generaciones; en ellas están impregnadas las manos de personas de diversos territorios que dedicaron su tiempo a la creación. Estos objetos no solo son testimonios del pasado, sino puentes que permiten visualizar la continuidad del trabajo de los cultores y cultoras en la actualidad.
La creación de un objeto comienza con la recolección de materiales, atendiendo a las estaciones del año y las fases de la luna. Es un ejercicio de profunda espiritualidad, mediado por el agradecimiento a la ñuke mapu (madre tierra). Se acompaña del nütram (conversación), donde la recolección se convierte en un espacio para relatar experiencias y reactivar las vivencias con los seres queridos que partieron, dejando su enseñanza.
El proceso de preparación de los materiales recolectados se entrelaza con los quehaceres del hogar: huerta, crianza y, en algunos casos, el cuidado de los mayores. Cada oficio tiene su propio procedimiento: el widün (trabajo en greda) implica la preparación de la greda; la cestería, el tratamiento de las fibras vegetales; el trabajo con la madera y piedra requiere una selección para reconocer la firmeza y textura del material. Incluso en el güren (trabajo en textiles), la labor comienza antes de la selección de materiales, en el cuidado de las ovejas.
Cuando las manos del cultor o cultora comienzan a dar forma a la pieza, se inicia el rakiduam (pensamiento y reflexión), sobre la funcionalidad que tendrá el objeto, en el caso de ser personalizado, sobre quién lo usará y qué elementos del itrofill mogen (biodiversidad) se incorporarán en el diseño. De este modo, cada mapuche küdaw (trabajo mapuche) deja de ser un simple objeto para adquirir una singularidad, un significado y un vínculo con su origen, como el ketru metawe (jarro de greda con diseño de ave), en los diseños de un makuñ o un trariwe (textiles), que simbolizan la conexión del tuwün y küpan (procedencia territorial y familiar) de quien lo usa. En el caso del rütran (trabajo en plata), sus piezas visten tanto a hombres como a mujeres y, antaño, adornaban también a sus cabalgaduras. Y en sus diseños se incorporan elementos del entorno, como el dikil (prendedor), pieza que presenta símbolos vinculados al agua y a la flora.
El mapuche küdaw trasciende su creación al llegar a las manos de quien le dará uso; desde ese momento, el objeto se impregna de la esencia de su portador y del sentido que adquiere con el uso. En ocasiones, estas piezas atraviesan un ciclo de vida completo, acompañando la existencia desde el nacimiento hasta la partida. Durante ceremonias espirituales como el llellipun o ngillatun, el objeto se envuelve con las esencias propias de la actividad: con el humo del fuego, los primeros rayos del sol y el frío del amanecer; se nutre también de los aromas y sabores de los alimentos, y de momentos de alegría y gratitud. Entre sus expresiones: Llepü, külko (cestería). Maküm, trariwe (textiles). Rütran y llanka (platería y piedras/adornos). Metawe, ketru metawe (greda). Tokiruka (adorno de piedra), entre otras.
La colección del museo es un fragmento de la identidad del territorio. Los objetos expresan la profunda relación entre el kimün (conocimiento mapuche) de las personas y el entorno natural que las rodea. Los detalles y sus formas nos transportan a un origen esencial, donde lo cotidiano, lo espiritual y lo social coexisten sin separación. Al recorrer la sala de exposición se experimenta una nueva forma de percibir el mundo. Para quienes se reconocen como parte del Pueblo Mapuche, pero no han tenido conexión con su cultura, el espacio funciona como un puente con su identidad cultural. Para quienes son ajenas a ella, es una invitación a descolonizar la mirada.



