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Evangelizar la técnica: El aporte de Francisco a la formación de nuevos economistas

En esta entrevista Claudia Martínez A., directora del Instituto de Economía UC, analizó cómo el pontificado de Francisco desafía los modelos tradicionales y propone reintegrar la ética y la dignidad humana en el centro de la disciplina.

¿Cuáles son los aportes más significativos del pontificado de Francisco para repensar la lucha contra la pobreza desde una mirada económica y no solo asistencial?

Es relevante destacar que el Papa estableció distintas dimensiones de pobreza: material o económica, espiritual, como soledad y abandono, moral y cultural, y de dignidad. En cada una de estas dimensiones, propuso pensar en soluciones que van más allá de una ayuda esporádica. En particular en la pobreza material, señaló que los planes asistenciales «sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras», pues mientras no se ataquen las causas estructurales de la pobreza, «no se resolverán los problemas del mundo y, en definitiva, ningún problema. La inequidad es la raíz de los males sociales». (Evangelii Gaudium).

El papa Francisco puso de relieve la crisis antropológica como base de los problemas económicos. Él exhortó a una solidaridad desinteresada y a volver a poner la ética al centro de la actividad económica en favor del ser humano: “La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo”. (Evangelii Gaudium).

¿Qué elementos considera usted que son los más desafiantes e innovadores de la «Economía de Francisco» para la economía académica tradicional?

El papa Francisco no desarrolló un programa económico técnico, pero los principios que propuso implican desafíos profundos para el mainstream económico. En la Evangelii Gaudium planteó: «La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica», pero que en la práctica aparecen como «apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político».

La economía busca maximizar las preferencias sociales sobre la distribución del ingreso bajo restricciones de eficiencia. Bajo este enfoque, la eficiencia no es un fin, sino el medio para alcanzar el mayor bienestar posible. Mientras la economía espera que la deliberación social defina los objetivos, el papa Francisco propuso priorizar a los pobres y estableció que la superación de la pobreza no depende solo de transferencias, sino del respeto a su dignidad. Para Francisco, la ética es una urgencia política necesaria para reintegrar al ser humano en el centro del sistema económico.

En este sentido, la preocupación por la pobreza puede ser fácilmente incluida en los modelos que usamos en economía. Sin embargo, la incorporación de la dignidad humana es un desafío para la academia tradicional. Una incorporación incompleta podría establecer, por ejemplo, que las redistribuciones no sean solo en transferencia sino que en trabajo, pero este aporte es incompleto al ignorar otras dimensiones de pobreza. Si bien se ha avanzado en mediciones como pobreza multidimensional, hay avances conceptuales pendientes.

¿Ha tenido eco real el llamado a una «economía que no mata» en el debate económico contemporáneo?

Por un lado, el llamado al foco en la pobreza fortalece el ímpetu de la subdisciplina de desarrollo económico, que se preocupa de establecer causas, entender mecanismos y evaluar políticas que buscan disminuir la pobreza.

Por otro lado, la discusión más estructural ha tenido un eco parcial. Francisco fue consciente de esta resistencia cuando escribió que el sistema siente malestar cuando se habla de ética, de solidaridad mundial, de distribución de bienes o de la dignidad de los débiles: «¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema!». En ese sentido, el llamado de Francisco sigue operando más como interpelación moral externa que como categoría analítica internalizada por la disciplina.

¿Cómo ve la conexión entre pobreza, exclusión y migración forzada particularmente en Chile?

Francisco estableció una conexión directa entre estos fenómenos. En la Evangelii Gaudium ubicó a los migrantes entre las nuevas formas de pobreza y fragilidad, e impulsó a los países a «una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales». Va más lejos aún al señalar que la integración puede convertirse en «un nuevo factor de desarrollo».

Esta visión tiene respaldo en la economía del desarrollo: la migración forzada es en su origen un fracaso de los mercados de trabajo, de la distribución del ingreso y de las instituciones políticas en los países de origen. Las guerras que producen nuevos pobres —como señaló el mensaje de la Jornada de 2024— no son fenómenos ajenos a la economía. La evidencia en economía muestra que cuando la migración es bien gestionada, puede tener efectos positivos tanto en los países de origen como en los receptores.

Foto de Rahul Pandit

La migración forzada es en su origen un fracaso de los mercados de trabajo, de la distribución del ingreso y de las instituciones políticas en los países de origen.

Para Chile como país receptor, los desafíos son múltiples. Primero, la tensión entre los beneficios económicos de la migración —trabajo, emprendimiento, remesas invertidas en capital humano en los países de origen— y los costos fiscales y sociales de corto plazo. Segundo, el riesgo de que la migración irregular sea funcional a mercados laborales informales y precarizados, reproduciendo exactamente la «cultura del descarte» que Francisco denunció: trabajadores que «tienen que trabajar a escondidas porque no han sido formalizados». Tercero, el desafío de las políticas de integración que superen la lógica asistencial y apunten a la inclusión productiva plena.

¿Qué aspectos del pensamiento de Francisco vale la pena preservar y profundizar en la formación de economistas?

Dos elementos parecen especialmente valiosos para transmitir a las nuevas generaciones:

La primacía de la persona. Formar economistas que entiendan y recuerdan que detrás de las cifras y los modelos hay personas directamente afectadas por las decisiones económicas.  Esto implica el reconocimiento de la importancia de la ética como parte fundamental de las políticas económicas.

Comprensión de los modelos, que permita discernir cuales supuestos son apropiados en qué contexto, y en qué medida las conclusiones que se obtienen podrían cambiar si estos son alterados.

La insistencia de Francisco en que los pobres «tienen mucho que enseñarnos» y en que debemos «dejarnos evangelizar por ellos» tiene una traducción metodológica: los economistas deberían diseñar sus modelos, sus métricas y sus políticas desde la experiencia de quienes quedan fuera del sistema, no solo desde los promedios que pueden invisibilizarlos. Esto es un llamado a entender la realidad y construir modelos a partir de ella.

Entrevista realizada por Carmen Elena Villa.

Foto de Ashwin Vaswani

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