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“La crisis climática es, ante todo, una crisis ética”

Mónica Antilen, directora del Instituto de Desarrollo Sustentable UC, profundiza en la visión de Francisco sobre el clamor de la tierra y los pobres. Un análisis sobre por qué la sustentabilidad requiere, hoy más que nunca, una gobernanza global y un compromiso estructural que supere el asistencialismo.

Foto de Evie S.

En la encíclica Laudato si’, el papa Francisco instaló con fuerza el concepto de “ecología integral”. Desde su experiencia en desarrollo sustentable, ¿qué aspectos de esta siguen siendo los más desafiantes de implementar en instituciones como las universidades y en las políticas públicas?

Laudato si’ instala la “ecología integral” como un enfoque que articula dimensiones ambientales, sociales, económicas y culturales, desafiando las miradas fragmentadas del desarrollo. Desde la experiencia en desarrollo sustentable, uno de los principales desafíos para su implementación, en instituciones como las universidades y en las políticas públicas, radica en superar la lógica sectorial/disciplinar y avanzar hacia enfoques verdaderamente interdisciplinarios e interinstitucionales.

Asimismo, persiste la dificultad de traducir este concepto en decisiones concretas, pues implica no solo cambios técnicos, sino también transformaciones éticas, culturales y organizacionales. En el ámbito universitario, esto debiese expresarse en la necesidad de integrar la sustentabilidad de manera transversal, tanto en la formación, la investigación y la gestión institucional. En las políticas públicas, el desafío está en diseñar instrumentos que incorporen simultáneamente equidad social, protección ambiental y viabilidad económica, evitando soluciones puntuales o parciales.

Finalmente, otro aspecto crítico es promover una gobernanza que incluya activamente a las comunidades, reconociendo que la ecología integral requiere participación y una visión de largo plazo orientada al bien común. Lo que el papa Francisco denominaba Solidaridad Universal.

En la exhortación apostólica Laudate Deum, el Papa es particularmente crítico frente a la lentitud de la respuesta internacional ante la crisis climática. ¿Diría usted que este documento constituye una suerte de testamento ético del pontífice para los líderes políticos y económicos del mundo? ¿Por qué?

El documento puede entenderse como una interpelación final sobre la responsabilidad moral de actuar con decisión ante una problemática que compromete el presente y el futuro de la humanidad. Es una interpelación urgente frente a la lentitud e insuficiencia de la acción climática. El Papa enfatizó la necesidad de superar la lógica de intereses particulares y de corto plazo, enfatizando que la crisis climática es también una crisis ética, vinculada a la justicia intergeneracional y a la protección de los más vulnerables.

El Papa enfatizó la necesidad de superar la lógica de intereses particulares y de corto plazo, enfatizando que la crisis climática es también una crisis ética, vinculada a la justicia intergeneracional y a la protección de los más vulnerables.

En este sentido, el texto no solo critica la inacción, sino que también busca movilizar voluntades, reforzando la idea de que las soluciones requieren cambios estructurales en los modelos de desarrollo, así como una gobernanza global más efectiva y comprometida. Por ello, puede leerse como una síntesis madura de su pensamiento social y ambiental, orientada a generar mayor responsabilidad y urgencia en la toma de decisiones.

Uno de los aportes más originales del Papa fue vincular el clamor de la tierra con el clamor de los pobres. ¿Cómo cree que esta mirada ha cambiado —o debería cambiar— la forma en que abordamos hoy la sustentabilidad en América Latina y en Chile?

Esta vinculación del clamor de la tierra con el clamor de los pobres ha contribuido a replantear la sustentabilidad como un desafío inseparable de la justicia social. Esta mirada ha impulsado —y debiera seguir profundizando— enfoques que reconozcan que los impactos ambientales afectan de manera desproporcionada a las comunidades más vulnerables.

En América Latina y en Chile, esto implica avanzar hacia políticas y estrategias de desarrollo que integren equidad, participación y protección ambiental, superando enfoques meramente técnicos. Asimismo, exige fortalecer la inclusión de las comunidades en la toma de decisiones y promover modelos de desarrollo que resguarden tanto los ecosistemas como la dignidad de las personas.

La crisis ambiental es, en esencia, una crisis ética y humana.

Mirando el legado de Francisco a un año de su muerte, ¿qué cree usted que permanecerá como su herencia más fecunda en el cuidado de la casa común?

Haber instalado con claridad que la crisis ambiental es, en esencia, una crisis ética y humana. Su propuesta de una ecología integral deja como legado un marco que trasciende lo ambiental, integrando justicia social, dignidad humana y responsabilidad intergeneracional. Más allá de los documentos, perdura su capacidad de haber movilizado conciencias —en la política, la academia y la sociedad civil—, impulsando una comprensión más profunda de que el cuidado del planeta exige cambios culturales, institucionales y personales orientados al bien común.

Entrevista realizada por Carmen Elena Villa. 

Foto de Markus Spiske

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