Diego Alberto Miranda Toledo, profesor de la Facultad de Teología UC | dlmiranda@uc.cl
El 8 de mayo de 2025 fue un día muy importante para la Iglesia. No solo porque desde la ventana del Palacio Apostólico de la Basílica de San Pedro se asomó el nuevo sumo pontífice, sino también porque el protodiácono lo presentó bajo el nombre de León, el número 14 en la línea de sucesión de los Papas que decidieron llamarse así para liderar a la Iglesia universal en la caridad. Para muchos ese nombre indicó que el nuevo obispo de Roma se hacía heredero de la larga y hermosa tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, iniciada en tiempos de la Segunda Revolución Industrial con la publicación de la inmortal encíclica Rerum novarum en 1891, escrita por el anterior papa León. A nadie le extrañó, por lo mismo, que la preocupación de la Iglesia por los pobres fuera el tópico que el nuevo Papa abordó en su primer documento oficial, la exhortación apostólica Dilexi te. El texto magisterial viene, de este modo, a ser un urgente recordatorio de la que se alza como la opción vinculante más decisiva de la Iglesia: la opción preferencial por los pobres, que hunde sus raíces en la revelación bíblica y que se verifica como un compromiso constante a lo largo de toda la historia de la Iglesia.




