Revista

¡Compártelo!

Una Mirada Abierta al Otro

«Siento su mirada transparente atravesando tiempos y lugares, absorta en su interior, profunda hacia el silencio. Pienso en su mente y conciencia, ¿dónde está? Pienso en su esencia, en ella, su alma e historia, ¿dónde está?»

En enero se llevó a cabo una investigación artística en torno a cuatro casos de personas postradas y la relación con sus cuidadores. La metodología tuvo un carácter etnográfico, en el sentido de que toda reflexión nació desde el trabajo de campo. Allí el objetivo inicial de generar una obra que dignifique la relación, promoviendo y concientizando una cultura del buen trato, quedó mudo. En la asistencia que brindan las cuidadoras a sus familiares dentro del espacio doméstico, la experiencia de sincera humanidad atraviesa la vida, la muerte, la trascendencia y la reciprocidad (de ascendencia y descendencia) como línea recta, uniendo círculos concéntricos, formando el diagrama del acontecer humano en todas sus etapas. No hay relación que dignificar. La experiencia de conocerlos me enseñó que llegaba con la mirada desenfocada al trabajo. Ciego, tuve que entregarme a ellos. Simplemente—y lo más sensato— fue estar presente, observar sus presencias y la mía, ese profundo misterio que disminuye lo invisible y del que surge otro misterio: la confianza.

Retraté rostros que caminan por un espacio abierto y otros ausentes que ven lo invisible, como Alba. Ella tiene 78 años de edad y no es autovalente hace 10, desde que el Alzheimer soltó las amarras. Alba no está completamente postrada; permanece sentada la mayor parte del día y puede caminar poco y lento, siempre acompañada y sujeta por un acompañante, en este caso su única hija, Marta, que vive en un tiempo suspendido entre los cafés y cigarros nocturnos. Marta está cansada. Le agobian las vicisitudes cotidianas y la conversación es entre murmullos. Sin energía expresa sus sentires y pensares. Quiere dormir y que se la lleve el Señor junto a su madre. Espera con todo el corazón la muerte, pero hace lo posible por atrasar su camino, por retribuir cariño, manteniéndola/se viva. En conversaciones asegura que le angustia pensar en la muerte de su mamá, que no sabrá qué hacer cuando pase. Sin Alba el día de Marta es vacío.

Retrato de Alba hecho por Martín durante sus visitas.

Alba balbucea recuerdos y emociones, se mira y arregla la ropa; el silencio y la mirada ausente. En los momentos de visita, Alba ha estado sentada en una silla de plástico, vestida con delantal, algunas veces amarrado al asiento. Se inclina hacia adelante, balancea y cruza coquetamente las piernas, observa rincones, espacios, personas. Un día Alba besó tres veces a Marta en la mejilla, momentos hermosos en que el amor es más fuerte que el recuerdo y la memoria.

Marta piensa que su madre ahora vive encerrada en una caja. Ve a las personas que le están hablando, a ti, a mí. Ella grita, rasguña, pero el resto no nos damos cuenta. Entre medias palabras arrastradas se ríe (¿de nosotros?) y me mira (¿a mí?). Siento su mirada transparente atravesando tiempos y lugares, absorta en su interior, profunda hacia el silencio. Pienso en su mente y conciencia, ¿dónde está? Pienso en su esencia, en ella, su alma e historia, ¿dónde está? Aquí, responde a los estímulos y besa a su hija.

Hay más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Contáctanos

Déjanos tus datos y luego nos pondremos en contacto contigo para resolver tus dudas.

Publica aquí

Te invitamos a ser un generador de contenido de nuestra revista. Si tienes un tema en que dialoguen la fe y la razón-cultura, ¡déjanos tus datos y nos pondremos en contacto!

Suscríbete

Si quieres recibir un mail periódico con los contenidos y novedades de la Revista déjanos tus datos.