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La Acción Educativa de la Misión Capuchina en Villarrica

Religiosas de la Congregación Hermanas de la Santa Cruz desarrollando tareas de enseñanza a jóvenes mapuches e hijas de colonos en la Araucanía Misionera

Durante el gobierno de Manuel Bulnes, cuando la naciente república daba sus primeros pasos, se solicitó al papa Pío IX el envío de misioneros a la zona indígena del sur del país. Es así como en octubre  de 1848, llegaron los primeros capuchinos italianos a hacerse cargo de las misiones comprendidas entre Temuco y Osorno, donde habían desaparecido los ímpetus de evangelización de los jesuitas, expulsados de América en 1767 por el rey de España. Dirigidos por los prefectos Ángel Vigilio de Lonigo (1848 -1859), Damián de Viarreggio (1859- 1863), Ignacio de Poggibonzi (1863-1865), Jeremías de Paglieta (1865-1871), Alberto de Cortona (1872-1885), Urbano de Casola (1886-1893) y Alejo de Barletta (1893-1900), fundan las estaciones en Bajo Imperial, Queule, Toltén, Pelchuquín, Purulón y Boroa.

El último prefecto italiano escribió al Padre General de la Orden: «Las misiones se perderán irremediablemente si no viene ayuda». Entre 1888 y 1889 llegan los sacerdotes españoles Manuel de Oñate y Domingo Beire, a quienes se les entrega el convento de Concepción para que sucesivamente se hagan cargo de las estaciones de la Araucanía. En 1896 llega el primer grupo de misioneros alemanes, bajo la prefectura del padre Alejo de Barletta. Además de contribuir con mejoras en la salud y en el trabajo de la población, los capuchinos hicieron un notable aporte en el proceso de educación durante las primeras décadas del siglo XX, cuya situación social y cultural era considerada muy precaria y vulnerable.

«Además de contribuir con mejoras en la salud y en el trabajo de la población, los capuchinos hicieron un notable aporte en el proceso de educación durante las primeras décadas del siglo XX, cuya situación social y cultural era considerada muy precaria y vulnerable.»

De este modo fundan los primeros centros educacionales. La escuela misional podía cumplir así «una triple finalidad: primero evangelizar, segundo preparar al indígena para saber vivir como minoría étnica en una sociedad nueva, distinta a la suya y, finalmente, conviviendo con los otros ciudadanos codo a codo durante años, aprender en la práctica su modo de ser y pensar y así prepararse para defender lo suyo.  En definitiva, todavía se soñaba que la escuela daría igualdad de oportunidad a todos»1.

La atención de las escuelas misionales demandó la colaboración de laicos para llevar adelante la tarea educativa entre la población mapuche y en centros poblados que se estaban formando a principios del siglo XX. Para capacitar a estos laicos, en el año 1925 la Prefectura Apostólica de la Araucanía realizó el primer curso de perfeccionamiento pedagógico en la comuna Padre Las Casas para varones, y para damas en Río Bueno. Así, surgió la necesidad de preparar sistemáticamente a los profesores, tarea que fue encomendada a las hermanas Maestras de Santa Cruz venidas de Suiza, quienes en marzo de 1936 crearon la Escuela Normal en San José de la Mariquina.

Los egresados obtenían el título de profesor primario, pero no podían ejercer  en el sector público. De esta forma, en 1952 se inician las gestiones para regularizar esta situación, y el 14 de marzo de 1953 se obtuvo el reconocimiento como institución dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la que en 1963 se trasladó definitivamente a Villarrica. En 1968, a raíz de la Reforma Educacional, la Escuela de Pedagogía se transforma en la Sede Regional de la Universitaria Católica y sus egresados reciben el título de profesor de Enseñanza General Básica.

«El fin primordial de la escuela era evangelizar para poder convivir en  un Estado oficialmente católico»2. Sin embargo, en las primeras Misiones,  la escuela era una institución nueva, desconocida y, por qué no decirlo, extraña al pensamiento mapuche y sobre todo sin importancia efectiva para la vida que llevaban, lo que explica la alta deserción registrada en la época. En la actualidad la Sede Villarrica busca fortalecer los lazos que históricamente la han unido con la Universidad Católica. Esta unidad académica continúa promoviendo la formación humana a la luz de la fe, la búsqueda de la verdad, la formación integral de los profesionales que egresan, el respeto al entorno natural y a la diversidad cultural.

 

Notas

  1. Evangelización, educación y promoción de derechos. Mons. Paul Wevering W. Pág. 104.
  2. Evangelización, educación y promoción de derechos. Mons. Paul Wevering W. Pág. 105.

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