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Una Puerta Hacia La Misericordia del Padre

Homilía pronunciada por S.E.R. Ricardo Ezzati, cardenal arzobispo de Santiago y gran canciller UC, con ocasión de la apertura de la Puerta Santa de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús del Campus San Joaquín, templo jubilar para el mundo de la cultura.

 

 

 

 

San Joaquín,

Lunes 21 de diciembre de 2015.

 

Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad el papa Francisco, señor rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, señor director del DUOC, apreciados académicos, profesores, jóvenes, trabajadores de esta universidad, queridos hermanos sacerdotes:

Estamos viviendo un momento significativo para la Pontificia Universidad Católica de Chile y para el DUOC en este año de la misericordia. Hoy, hemos abierto la puerta santa de este templo, donde cada día se congregan muchos jóvenes, educadores y académicos. Todas las personas que vienen a esta universidad pueden entrar por esta puerta y encontrar la más bella de las noticias que llena de esperanza sus vidas y su porvenir.

El papa Francisco nos ha invitado a vivir este tiempo como un año santo que no recuerda fechas, sino la actitud más profunda del corazón de Dios: su misericordia, su amor, su voluntad de perdonar y de que todos sus hijos vivan en comunión con él y entre sí, pasando a través de la puerta que es Jesucristo.

Quiero reflexionar brevemente con ustedes sobre los signos, para entrar en el significado más profundo del año de la misericordia. Nosotros sabemos muy bien que los signos a veces ocultan y a veces expresan una realidad. Lo que importa es, justamente, alcanzar el significado de los signos, para ello, debemos descubrir, dentro de la ambigüedad de todo signo, el significado del gesto que hemos realizado y de los gestos que estamos llamados a realizar a lo largo de todo este año de la misericordia.

En primer lugar, hemos peregrinado, y toda peregrinación significa un éxodo, salir de la propia seguridad, de la propia soberbia y de los propios parámetros para encaminarse hacia una meta reveladora de verdad, de vida y de amor para cada uno de nosotros. El peregrinar nos recuerda ese movimiento que muchas veces repetimos en la vida, cuando salimos de nuestro pecado, soberbia y autosuficiencia, reconociéndonos humildes pecadores, necesitados, pobres que tienden la mano esperando que alguien la llene de bondad, de misericordia y de significado. En nuestra vida cristiana, somos peregrinos que caminamos con la mano tendida, esperando que Dios la llene con todo su amor y misericordia. Ser peregrinos es una de las características fundamentales de la experiencia humana y, especialmente, del cristiano: somos peregrinos.

Apertura de la puerta santa del Templo Jubilar del campus San Joaquín por el año de la misericordia.

Hemos llegado hasta una puerta, la hemos abierto y hemos entrado por ella. ¿Quién es la puerta? Este es el significado más bello: la puerta es Jesucristo, el Hijo de Dios que ha venido a revelarnos lo más grande y lo más bello de la vocación humana: somos hijos; Dios es Padre, rico en misericordia y nosotros somos hermanos llamados a sentarnos, todos los días, alrededor de la misma mesa que el Señor nos prepara. Es la mesa de la fraternidad, la mesa del perdón, la mesa de la reconciliación, la mesa de la solidaridad, la mesa de la esperanza, la mesa del amor.

Jesús es la puerta a través de la cual podemos entrar en este proyecto maravilloso de Dios que nos revela nuestra vocación. Con razón el Concilio Vaticano II dice con mucha fuerza que Jesucristo es quien revela al hombre lo que el hombre es.

Entramos por la puerta, que es Jesucristo, y nos encontramos con el rostro y el corazón de Dios Padre, un Dios que es misericordia, que perdona, abre sus brazos y dice: “¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno. Anda, camina en paz” (Jn 8,11).

El verdadero rostro de Dios no es el del todopoderoso que mira al hombre desde lejos y desde fuera de su historia, sino el Dios que, en su Hijo, se ha hecho Emanuel, “Dios con nosotros”, para revelarnos toda la bondad y la riqueza de su amor misericordioso. Aquí, en la eucaristía, compartiremos lo que es la misericordia de Dios, hecho cruz y resurrección en su propio Hijo.

Pero la celebración del año jubilar no termina aquí, con la peregrinación, la puerta santa y el encuentro con la misericordia de Dios. Atravesar la puerta santa y encontrarse con su misericordia infinita tiene como consecuencia el salir misericordiosos como el Padre. El año santo está llamado a prolongarse en el testimonio de cada uno de nosotros que, habiendo encontrado la misericordia de Dios, nos volvemos misericordiosos como Dios. Tal vez nos asuste ese “como”, pero la gracia de Dios siempre acompaña nuestra debilidad y nos permite ser, en medio de nuestro mundo, un signo de su misericordia.

El Santo Padre ha enfatizado mucho las obras de misericordia, para que de verdad nuestro testimonio en el mundo sea una proclamación de un Dios cercano, misericordioso y que perdona. Nuestro testimonio debe ser el de una comunidad que vive las mismas actitudes que ha encontrado en el Padre Dios, que se vuelve acogedora, capaz de perdón, que recibe con los brazos abiertos como lo hace el Padre con el hijo pródigo y el hijo mayor, que creía ser justo, simplemente por obedecer materialmente el mandato de su padre, pero sin amor.

Queremos que durante este año la universidad se convierta en un lugar de encuentro, de misericordia y de fortaleza para nuestra vida cristiana, encomendando especialmente al vice Gran Canciller y a los capellanes de esta capilla el cuidado de las personas que aquí vengan. Con el gesto de abrir la puerta santa en el campus San Joaquín, quiero expresar la confianza, la esperanza y la certeza del obispo, en la tarea evangelizadora de nuestra Universidad Católica.

El Señor nos bendiga a todos y entrando por esta puerta santa podamos, de verdad, entrar en el corazón de Cristo, encontrarnos con la misericordia del Padre y salir de aquí misericordiosos como Él. A la Virgen Santísima le pedimos que nos acompañe en esta peregrinación. Amén.

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