Reportaje basado en la investigación de:
Macarena Baeza
Profesora de la Escuela de Teatro UC
mbaezad@uc.cl

Revista

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El regreso de Alberto Vega al teatro: Un camino hacia la inclusión en las artes

En 2013, el actor y escritor chileno, fue invitado por la Escuela de Teatro UC a trabajar en un proyecto teatral desde la inclusión. Pocos años después del accidente que interrumpió su carrera, Vega pudo volver al teatro como dramaturgo y director, acompañado por sus colegas para enfrentar el desafío que supone su actual discapacidad física.

Alberto Vega estudió Teatro en la UC, desempeñó una activa carrera en la actuación y fue académico y, posteriormente, también director de la Escuela de Teatro entre 2004 y 2006. En marzo de 2006 sufrió un grave accidente en bicicleta que lo dejó paralizado, pero completamente consciente: se le diagnosticó el síndrome de locked-in o de enclaustramiento. Desde entonces, Alberto tiene todos los músculos voluntarios de su cuerpo paralizados, siendo capaz de dominar únicamente el movimiento de sus ojos. Al comienzo, debía comunicarse respondiendo sí o no señalando con su mirada. Luego, una de sus enfermeras ideó un sistema alfabético para permitirle construir oraciones. En 2010, el Centro de Desarrollo de Tecnologías de Inclusión de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Cedeti), consiguió para Alberto un computador con tecnología de rastreo ocular, MyTobii, que le permite escribir con el único movimiento que es capaz de hacer. Gracias a esta tecnología ha podido colaborar en el guion de una película autobiográfica, escribir el libro Mírame a los ojos e incluso volver a trabajar en el teatro.

Braulio Martínez interpretando a
Edgar, personaje principal de la obra de Shakespeare, el cual fue 
personificado por Alberto Vega en 1992.

Con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigación, la Pastoral UC y Cedeti, la Escuela de Teatro de la UC invitó en 2013 a Alberto Vega a formar parte de un proyecto cuyo objetivo era incorporar su participación, para celebrar el septuagésimo aniversario de la fundación del Teatro UC. Se formó un equipo de trabajo orientado a generar un modo de producción en que la discapacidad de Alberto fuera una condición inicial. De esta forma, cada etapa del proyecto, que consistió en la escritura de una nueva obra dramática y su puesta en escena, tuvo a Alberto en un lugar central.

En una primera etapa, se trabajó en la creación de una obra dramática que mezclara textos de Pirandello, por el interés de Alberto en el autor italiano, y Shakespeare, por idea de la actriz Macarena Baeza. A partir de Los gigantes de la montaña, obra inconclusa de Pirandello, Alberto trabajó en equipo en la escritura de un nuevo texto con Andrea Franco, que se desempeñó como asistente dramatúrgica; Roxana Gómez, que acompañó a Alberto tomando notas y llevando una bitácora de escritura; y Andrea Pelegrí, que tradujo los fragmentos escogidos de Rey Lear que se utilizaron. Con los conceptos escénicos que Alberto proponía, Roxana trabajaba en escenas que, luego, Andrea revisaba y reelaboraba para que, posteriormente, Alberto y Roxana aprobaran o modificaran lo necesario.

El resultado fue una obra en que los personajes de Los gigantes de la montaña de Pirandello, situados en un pueblo deshabitado y lúgubre, devastado por el aislamiento y la guerra, recrean una “obra dentro de la obra”, en la que cobran vida los personajes shakespereanos de Rey Lear. En relación a esta decisión creativa, Alberto explicó en una entrevista1: “La decadencia de la vejez, la memoria, el teatro dentro del teatro, el amor filial. Estos tópicos son los que quise preservar en la dramaturgia de Los gigantes de la montaña presentan Lear. Esas temáticas son las que unen ambas obras y las hacen mezclarse.” En una segunda etapa, se llevó a escena la obra. Alberto había puesto por escrito en el texto dramático, a modo de acotaciones, indicaciones cuyo contenido correspondía en realidad a didascalias, es decir, directrices para el trabajo en el teatro. En una de ellas, había señalado “No puedo dirigir ni actuar por razones obvias”, dificultad que se transformó en un desafío para el equipo que trabajó en la puesta en escena. Los ensayos comenzaron en marzo de 2014, con la dirección colaborativa de Alberto y Macarena Baeza y con los actores Sara Pantoja, Alexei Vergara, Tichi Lobos, Braulio Martínez, Daniel Gallo, Lilian Vásquez y Ramón Gutiérrez. Este elenco, formado por amigos de Alberto, fue designado para cada rol por él mismo. El equipo artístico estuvo a cargo de Ricardo Romero en la iluminación y escenografía, Estefanía Larraín en el diseño de vestuario, Alejandro Miranda en la composición musical y Alexander Tupper en la edición de videos.

«Se formó un equipo de trabajo orientado a generar un modo de producción en que la discapacidad de Alberto fuera una condición inicial. De esta forma, cada etapa del proyecto, que consistió en la escritura de una nueva obra dramática y su puesta escena, tuvo a Alberto en un lugar central»

Durante dos meses, de lunes a viernes, cuatro horas diarias, Alberto asistió a los ensayos en que se intentó articular la representación según sus indicaciones. En ellos, Alberto tomó todas las decisiones referidas a la puesta en escena: conceptos generales, escenografía, vestuario, iluminación. Una de las didascalias más importantes se refería a la visualidad de la puesta en escena: “Veo la obra en blanco y negro” y “Cuando aparece el rey Lear aparece mágicamente el color”. Alberto buscaba que la obra transitara del negro y gris al color como correlato de lo que ocurría en la acción: cuando entraban en la escena los personajes de Shakespeare el color irrumpía en la monotonía del pueblo de Pirandello. Para lograrlo, se creó un delicado vestuario que, en conjunto con la iluminación, permitía el contraste y matiz entre los personajes. La pigmentación de los grises en las telas del vestuario y la iluminación hicieron posible también que estos y la escenografía cobraran un color suave para realizar el efecto.

Macarena Baeza, por su parte, trabajaba en la dirección de los actores teniendo como referencia las didascalias que Alberto había incluido en el texto para entregar información sobre los personajes o el mundo de la obra a los actores. Algunos ejemplos de estas orientaciones se presentaban como: “Diamante, en su afán de experimentación, da indicaciones confusas”; “La dirección de Diamante choca con la linealidad de los actores”; “Ilse solo quiere actuar, tiene presentimientos de final”; “Diamante es práctica, exigente; entra en conflicto con Ilse y el Conde.” Paralelamente, Macarena se reunía con Alberto una vez a la semana para plantearle lo que quería hacer, de forma que ambos estuvieran en sintonía. En los ensayos, él permanecía generalmente en silencio, pero a veces intervenía con ayuda de sus enfermeras o, luego, enviaba por email sus ideas para discutir con Macarena y el elenco. Aunque el logro de la incorporación de Alberto como dramaturgo y director era encomiable, el equipo aún quería más: para que Alberto pudiera estar presente de algún modo en la escena, se usó el registro audiovisual de Lear rey y mendigo que el Teatro UC había presentado en 1992, a partir de la traducción de Nicanor Parra, en que Alberto había interpretado el rol de Edgar. Se editaron los videos para insertar la imagen y el sonido en la nueva representación, de forma que la proyección de Alberto en Lear rey y mendigo se pusiera en diálogo con el personaje de Edgar interpretado por Braulio Martínez en esta nueva instancia.

El rector de la UC,
Dr. Ignacio Sánchez, acompañó a
Alberto en la presentación de la obra.

En cierto sentido, Alberto Vega también pudo volver a actuar. Con el fin de que también se viviera la inclusión en la platea, se planificó una semana de funciones accesibles a personas con discapacidad física y capacidades especiales durante la temporada de la obra, que tuvo lugar entre julio y septiembre de 2014. Se instalaron rampas de acceso, adecuaciones en los baños y butacas reservadas para personas con discapacidad física, se dispuso de interpretación en lengua de señas y textos subtitulados para personas con discapacidad auditiva, y audio-guías con descripción de ambiente y programas traducidos al sistema braille para personas con discapacidad visual. Macarena Baeza comenta, ante la exitosa concurrencia en las funciones inclusivas, que “para los que estuvimos allí, fue una de las experiencias más emocionantes que hemos vivido por el interés que manifestaron los asistentes por sentirse acogidos en el teatro”. Este trabajo inició en la universidad e, incluso en el país, la experiencia de creación profesional de personas con discapacidades extremas.

A pesar de que los tiempos necesarios para el desarrollo de la obra fueron diferentes debido a la condición de Alberto, el esfuerzo detrás de esta producción tuvo como resultado una verdadera victoria. Esta experiencia nos plantea el desafío de pensar nuevas formas de trabajo que, como en este caso, constituyan oportunidades de realización y participación activa para personas con necesidades especiales. “A pesar de que hoy la inclusión es un tema tratado activamente, pareciera que en el mundo artístico nacional, y particularmente en el teatral, poco se ha avanzado en esta materia, frente a países europeos y norteamericanos en que existen compañías de teatro inclusivas, con miembros discapacitados compartiendo con actores y creadores sin necesidades especiales, como la española “El Tinglao” y la francesa “L’oiseau muche”, por nombrar sólo algunas”, afirma la codirectora de la obra. Ciertamente, el trabajo de Alberto Vega y el equipo de Los gigantes de la montaña presentan Lear fue un primer paso muy relevante para generar prácticas como aquellas.

Para vivir aún más la inclusión, se organizó una semana de funciones accesibles a personas con discapacidad física y capacidades especiales.

Queda aún mucho por hacer en este ámbito para que todas las personas discapacitadas y con capacidades especiales puedan trabajar, así como Alberto pudo retomar su espacio de trabajo y volver a relacionarse profesionalmente con sus colegas y amigos. Pero el esfuerzo realizado por este grupo de actores se suma al de muchas otras iniciativas que buscan día a día la inclusión de personas con necesidades especiales al mundo de las artes, lo que alimenta nuestra esperanza. El año 2013, por ejemplo, la Teletón, en conjunto con el Banco de Chile, organizó la primera bienal de arte inclusivo, en la que participaron personas con algún grado de discapacidad física, psíquica, mental o sensorial. Los organizadores plantearon la necesidad de una rehabilitación integral, que va mucho más allá de logros asistencialistas, porque el cambio cultural es más lento  pero más positivo y constructivo para la sociedad2. Y este cambio cultural no depende únicamente de las instituciones dedicadas a la rehabilitación, sino que es tarea de toda la sociedad. Es necesario que, como bien planteó San Juan Pablo II, “todos seamos responsables de todos”, encarnando el principio de solidaridad en nuestros vínculos humanos y comunitarios para lograr una verdadera transformación social y cultural.

Notas

  1. Roxana Gómez. “De la negación al sí como creador: Entrevista a Alberto Vega y Macarena Baeza, directores”. Entrevista publicada por el Teatro UC en el cuadernillo de mediación para Los gigantes de la montaña presentar Lear. Disponible en http://www.cedeti.cl/gigantes/
  2. Teletón, Lanzamiento primera bienal de arte inclusivo. Versión disponible en: http://www.teleton.cl/noticias/lanzamiento-primera-bienal-de-arte-inclusivo/. Consultado el 12-12-2016

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